Los métodos para aprender a dormir

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Los métodos para aprender a dormir por Laura Perales Bermejo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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Cuando nace un bebé la vida de los padres cambia por completo, sobre todo respecto a las horas de sueño.  Es habitual que se sigan consejos del entorno familiar o social recomendando que el bebé duerma en su cuna pese a que llore, aplicando métodos conductistas para enseñar a dormir al niño.

Lo primero que quiero hacer con este artículo es desmontar esa figura de “experto” gracias a la cual el método Estivill es un éxito de ventas. Como ya comentaba en otro artículo, este método triunfa debido al proceso de la disonancia cognitiva. La “opinión del experto” se convierte en la excusa inconsciente para que los padres puedan dormir. Pero, ¿qué pasa si esto se desmonta?

Estivill no es más que la cara visible de una maquinaria comercial. El método no es suyo, sino de Ferber, el cual con los años se retractó a la vista de las evidencias científicas que demostraban lo dañino de su método, pidiendo disculpas a todos los niños a los que se había aplicado el método y recomendando el colecho. El libro tampoco lo escribe Estivill, sino Silvia de Béjar, periodista. A estas alturas una ya se pregunta que pinta Estivill en todo esto, ya que parece ser sólo la cara que vende el libro. Y efectivamente es así. Estivill es un personaje mediático que era muy conocido en Cataluña, ya que tocaba folk en TV3 con su grupo Fasterbo 3:

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Como además de ser una cara conocida, con gran potencial mediático (habla muy bien y es una persona que, pese a lo que simboliza, transmite confianza), resulta que era médico especialista en sueño de adultos (que no de bebés ni de niños). Con lo cual era el reclamo perfecto para vender el libro. Pero el “método Estivill” no existe, ni el experto que se presenta como tal. Es una estrategia comercial.

Estos métodos no enseñan al bebé a dormir, ya que el bebé ya sabe dormir perfectamente, sólo que con el patrón de sueño correspondiente a su edad, con varios despertares nocturnos con el fin de garantizar la supervivencia. Lo que enseñan al bebé es a resignarse siguiendo la secuencia de protesta-desesperación-resignación al no atenderse su llanto, provocan indefensión aprendida, tendencia a la depresión, la ansiedad y una posible escisión del yo como defensa psicológica al percibir hasta más o menos los 9 meses que la madre y él son el mismo ser y estar separado de ella.

Todo esto viene acompañado de la segregación de cortisol, la hormona del miedo y el estrés, que causa daños en el desarrollo cerebral de los bebés. El bebé no es más que instinto y no sabe que está seguro en su cuna, sólo percibe que va a morir de frío, hambre o devorado por un depredador, ya que nuestra sociedad moderna es una manchita en el tiempo frente a todos los años de evolución del ser humano. Ese cortisol se segrega igualmente llore o no llore el niño, como se ha demostrado mediante estudios midiéndolo en saliva. Un niño separado de su madre, en una fría cuna, segrega cortisol.

Lo normal es que el bebé se despierte para mamar, porque tenga frío, o simplemente porque necesite sentirse cerca de su madre. Siempre debemos atender sus necesidades y su llanto, cogiéndoles en brazos cuando lo necesiten. Somos una especie altricial, lo cual significa que nacemos dependientes de la madre. De hecho somos la especie más dependiente, vemos a otros mamíferos nacer y levantarse, o incluso los monos son capaces de agarrarse al pelo de la madre. Esto es así debido a la evolución del ser humano. Con la bipedestación se estrecha el canal del parto, y como consecuencia se reduce considerablemente el volumen craneal y cerebral para que el bebé pueda nacer, por lo que nacemos muy inmaduros y debemos vivir una dependencia NECESARIA, por mucho que la gente nos diga otra cosa, hasta los 3 años de edad (aunque va desapareciendo de manera gradual y natural, no porque nosotros lo forcemos, eso no es independencia, los brazos y la ayuda jamás se niegan). De hecho el vivir esa dependencia necesaria es lo que permite una independencia sana posterior que de otro modo no existe.

Hasta los 3 años de edad los niños no son capaces de engañar ni manipular debido a que estas son facultades del cerebro superior que hasta esa edad no está formado. Debido a esto no es cierta la afirmación socialmente extendida de que el bebé nos manipula con su llanto para que le cojamos en brazos o le saquemos de la cuna. Es sencillamente imposible que hagan eso. Podemos ver la evidencia científica sobre ello en los experimentos sobre la Teoría de la Mente, que de hecho hablan de esta incapacidad para manipular hasta los 5 años:

Hay que tener cuidado con lo que parece que está pasando y lo que pasa realmente (las eternas atribuciones adultas erróneas), intencionalidad no es lo mismo que instinto. Hay conductas instintivas, como las conductas de apego, que están destinadas a mantener cerca a la figura de apego que garantiza la supervivencia: el llanto, la sonrisa, la mirada, etc. Mucha gente confunde esto con manipulación “para conseguir que le hagan caso”, y, como hemos visto, nada más lejos de la realidad. Hablamos de supervivencia, de conductas preprogramadas inconscientes, de instinto. Siempre hay que atender a un bebé que llora. De hecho la importancia del contacto corporal, del cariño, de la presencia, es tal, que la falta de ello desemboca en graves enfermedades, alteraciones del desarrollo o, incluso, la muerte en un elevado porcentaje, como se pudo comprobar en los experimentos de hospitalismo de Spitz, en los que a un grupo de niños se les mantenía atendidos respecto al alimento, temperatura, etc, evitando tocarles en lo posible y sin contacto de ninguna clase. El contacto es una necesidad básica que si no es satisfecha puede tener graves consecuencias pese a que el niño esté alimentado:

Por esta misma inmadurez cerebral todo impacto psicológico antes de los 3 años incide en el sistema nervioso vegetativo o en el cerebro medio emocional, por lo que el daño es más profundo cuanto más pequeño sea el bebé y menos defensa cortical tenga formada. Es por ello que debemos tener cuidado a la hora de hacer caso a consejos que, si bien muchas veces son bien intencionados, pueden dañar a nuestros hijos. Es necesario contrastar la información recibida y sobre todo confiar en nuestro instinto (aunque a veces está dormido y no es suficiente, antes debemos entrar en contacto con él trabajándonos personalmente por ejemplo con terapia previa…si el instinto primase el método Estivill no sería un éxito de ventas), que nos dice a gritos que cojamos en brazos a nuestro bebé y le consolemos o que lo llevemos a dormir a nuestra cama con nosotros.

Como siempre digo a los grupos de padres: no hay soluciones mágicas. Cada niño es un mundo, cada familia es un mundo, cada situación dentro de esa familia es un mundo. Pero si hay dos frases que pueden ayudaros mucho a tomar una decisión respecto a lo que hacéis en la crianza:

-Qué me gustaría que me hiciesen a mi.

-Qué haría si viviese en la prehistoria.

Evidentemente, lo que haría sería dormir con mi hijo.

Laura Perales Bermejo

Psicóloga y madre.

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