Las opiniones y la ciencia

Por desgracia es muy frecuente encontrar colegas en psicología infantil que lejos de atender a sus pacientes dan respuesta y solución exclusivamente adaptada al que paga, es decir a los padres, pasando por encima de lo que su paciente realmente necesita (en unas ocasiones para sanar, en otras simplemente para recordar a los padres que al niño no le pasa nada y que son ellos o la sociedad la que debería cambiar sus pautas de comportamiento). Un ejemplo claro es el caso de Supernanny.

Siempre lo digo: Si algo debe tener en cuenta la Psicología es que el síntoma es un aliado, una pista para llegar a la causa, no lo que se debe eliminar sin tener en cuenta la misma. Pero en esta locura de sociedad en la que vivimos, muchos colegas olvidan para qué estudiaron y a lo que se dedican y tienden a responder exclusivamente a lo que les pide el que paga: rapidez (como si la psique y los traumas se reparasen en un abrir y cerrar de ojos) y sobre todo que el síntoma que molesta a los adultos desaparezca. En muchas ocasiones esto se hace además medicando alegremente a los niños (con las consecuencias que conlleva), diagnosticando de modo absolutamente erróneo (por ejemplo diagnosticando TDAH a un niño que no se centra porque sufre una situación de maltrato y encima medicándole con anfetaminas). Por supuesto si no se sana la causa el problema saldrá por otro lado. Es decir, lejos de curarse, al atacar únicamente los síntomas, el problema se magnifica.

En demasiados casos se trata también a los padres de un modo carente de toda ética, ya que sólo buscan el bienestar de sus hijos pero el profesional en quien por supuesto confían da por hecho que desean este tipo de tratamiento (por mucho que si los padres tuviesen acceso a la información eligiesen sanar la causa o comprendiesen que al niño no le pasa nada), o lo que es peor: el “profesional” no está formado para ejercer de otra manera (con lo cual no debería hacerlo).

Una de las causas de que esto ocurra es la búsqueda inconsciente de profesiones donde descargar nuestros propios traumas. Por ejemplo hay obstetras (casi siempre hombres, aunque lo más grave es que también mujeres) que sin saberlo conscientemente estudian para ejercer esa profesión porque desean descargar su rabia, su deseo de venganza hacia sus propias madres y crianzas, su miedo a la vida, a la mujer como fuente de ella…Debido a esto se dan situaciones de violencia obstétrica habitualmente. Del mismo modo ocurre inconscientemente en otras profesiones como maestros que odian a los niños, o psicólogos que también los odian, debido precisamente a las carencias o al trato que sufrieron en sus propias infancias. Seguramente los padres que me estáis leyendo entenderéis mejor este concepto si os lo planteo como cuando vuestro hijo tiene una rabieta y os sentís incómodos, sentís rabia hacia el niño. Esto ocurre porque en nuestra propia infancia nos frustraron cuando teníamos una rabieta, expresábamos rabia que no nos dejaban sacar y por tanto quedó reprimida. Todo aquello que nos provoque un sentimiento que no debería estar ahí, viene de nuestras vivencias pasadas.

Por ello es ESENCIAL que un profesional que se dedique a tratar pacientes (mucho más si son niños), antes de ejercer realice su propia terapia de un modo muy profundo. No hace falta que presente alguna patología, simplemente es lo que se debe hacer por responsabilidad, para no proyectar nada propio en los pacientes. De hecho los padres, maestros, etc, deberían pasar por el mismo proceso.

Tristemente esto no es lo habitual. Hay demasiados psicólogos que se licencian, se colegian y se ponen a ejercer, no sólo sin formarse más profundizando, ya que en la carrera lo que recibimos es muy superficial y del todo insuficiente (además de sesgado con una única visión cognitivo-conductual que en el caso de la psicología infantil no se corresponde en absoluto con la psicología evolutiva), sino que no realizan esta necesaria limpieza propia.

Vemos hasta psicólogos que ni siquiera se especializan en la rama en la que trabajan, lo cual clama al cielo, mucho más en el caso de la psicología infantil, tan diferente de la adulta.

Es el caso de un psicólogo, Miguel Silveira, además famoso, que ofrece su visión sobre la psicología infantil a través de su web, libros, programas de TV…

Señor Silveira. Es poco ético no separar la opinión de lo que nos dice la ciencia y presentarlo desde una perspectiva profesional. Los padres a los que se dirige confían en usted porque es un especialista, porque además es conocido y tiene repercusión mediática. Tenemos una responsabilidad, tiene una responsabilidad.

Para ejercer como psicólogo infantil, uno debe estar formado en psicología evolutiva y especializado. Si no, luego pasan estas cosas. Aunque leyendo algunos de sus artículos, veo cosas muy básicas que directamente aprendemos en la carrera en la parte dedicada a la psicología evolutiva (sin necesidad de especialización) planteadas de manera totalmente errónea. Por lo que en principio en este caso es indiferente si está o no especializado, ya que los errores son de base.

Me han llamado especialmente la atención tres de sus artículos, los cuales comento a continuación:

Hijos maltratadores

Dice, por ejemplo, lo siguiente, que resume el resto del artículo: “¿Qué haría usted si su hijo de tres años le diera patadas para llamar su atención y conseguir lo que pretende?” 

Esto, como ya sabe, es una perversión del lenguaje. Está dando por hecho el objetivo del niño, que, además, si sabe algo de psicología evolutiva y neurociencia, es improbable que a esa edad intente manipular, engañar, ponerse en lugar de otra persona. Se llama Teoría de la Mente, ¿recuerda usted el experimento de Sally y las canicas?. Sobre esto comentábamos en otra entrada. A los 3 años un niño está comenzando a adquirir estas capacidades, las cuales no llegan de golpe y porrazo.

De hecho, aunque hubiese llegado a ese punto, lo que ocurre durante una rabieta es simplemente que el niño se enfada. Es su modo de comunicarse. Sus emociones son puras, potentes y del aquí y ahora. No intenta manipular a nadie, ni siquiera entiende lo que siente el mismo. Estaría bueno que no llamase nuestra atención, menudos padres seríamos. Cada rabieta es un regalo, una oportunidad de aprendizaje emocional, no algo que debe ser cortado ni una lucha de poder. Porque quien entiende esto como poder en estos casos es el adulto, nunca el niño, y usted debería saberlo (los niños no entienden las cosas igual que los adultos, debería conocer las etapas evolutivas, lo que comprenden a una edad y lo que no. Puede dar un repaso al mismo Piaget, si quiere ir a un autor de los más reconocidos).

Así que a su pregunta, contesto con un “verbalizar lo que siente para que vaya aprendiendo a identificar sus emociones, no frustrar sus emociones de ninguna manera aunque sean consideradas negativas, estar a su lado y dejarselo claro”. Si se trata de algo para lo que es necesario un límite lógico (no simplemente por autoridad y destinado a marcar terreno), por supuesto habrá límite (Tan malo es poner límites del modo que usted sugiere como la ausencia de ellos. Eso si, la diferencia es QUÉ límites, POR QUÉ se ponen y sobre todo CÓMO se ponen). Pero no busco que el niño acate órdenes sin sentido, sino que integre, aprenda y QUIERA hacer las cosas. No quiero formar a un niño en el miedo, para que responda al miedo, sino en el respeto. Si un niño es respetado y además ve que sus padres respetan a los demás, no hará falta ni siquiera educarle en ello ni poner límite alguno en ese sentido. Supongo que también conoce el experimento de Milgram.

Dice en el mismo artículo que el comportamiento violento no surge de la noche a la mañana. Tiene usted toda la razón. Es algo que se gesta desde la infancia, pero no del modo que describe, sino precisamente frustrando las rabietas, consiguiendo que la rabia quede sin expresar, contenida y como base de la estructura psicológica futura, latente en el inconsciente y disimulada con una máscara de amabilidad y querer agradar, gestada a su vez en el no expresar la rabia para conseguir agradar y la aprobación de los padres (que dicho sea de paso, es lo único que busca un niño, no imponerse). Auténticas bombas de relojería.

No, la violencia no surge de la noche a la mañana, para nada. ¿Le suena el concepto de aprendizaje vicario (Bandura)?. Es cierto, si sus padres le tratan con violencia, el niño aprenderá a ser violento. El valor del ejemplo, así explicado en llano.

No obstante, usted recomienda ser violentos a los padres (debería haber cambiado en el título de su artículo la palabra hijos por padres). Hace apología del maltrato (como tal está tipificado en el código penal, sabrá que dar un cachete es delito) en su siguiente artículo:

El cachete prohibido, un error

Le repito lo mismo que antes. ¿Puede aportar evidencias científicas que apoyen su postura? opinar y disfrazarlo de dogma profesional es muy peligroso y no es ético. Porque usted opina, nada más. De hecho opina en contra de las evidencias.

Dice usted que “los padres van quedando seriamente maniatados y sin muchas posibilidades reales de reprender y corregir”. Es muy triste que alguien que se dedica a la psicología tenga únicamente presente como herramienta educativa el castigo físico. A los padres que no tienen recursos, lo que les maniata es que haya profesionales que les den estos consejos.

Y llegamos al tercer artículo, donde de nuevo cada vez que se refiere a los niños lo hace destilando odio y desprecio (la impresión es de que efectivamente descarga sus fantasmas personales contra ellos).

¡Los niños a su cama!

Comienza con una frase que expresa muy bien ese odio y desprecio: “y al niño le dio por llorar por las noches”

De nuevo la misma perversión del lenguaje, y me temo que tengo que remitirle de nuevo a que repase la psicología evolutiva, la neurociencia y la Teoría de la Mente. Porque nos habla de meses de edad, en este caso no es improbable que un niño manipule, es que es IMPOSIBLE.

No se si recuerda a Seligman. La indefensión aprendida. Cito:

“Si, por el contrario, el trauma es incontrolable, la resistencia dará paso finalmente al estado de indefensión que he descrito. En mi opinión, la emoción que acompaña a este estado es la depresión. De forma parecida, cuando un cachorro de mono es separado de su madre, la experiencia traumática produce un gran malestar (para detalles sobre la secuencia protesta-desesperación, véase Bowlby -1973-, Hinde, Spencer-Booth y Bruce -1966-, Kaufman y Rosenblum -1967- y Sackett. Véase también Selye -1956- para una visión muy general de esta secuencia). El mono corre frenéticamente dando gritos de dolor. Entonces pueden ocurrir dos cosas: si la madre vuelve, el cachorro ya puede controlarla otra vez y el malestar cesará; pero si la madre no vuelve, el cachorro termina aprendiendo que no puede hacerla regresar y sobreviene la depresión, desplazando al miedo. El cachorro se hace un ovillo y comienza a gimotear. De hecho, esta es la frecuencia que se produce en todas las especies de primates observadas”.

En el mismo libro habla de las consecuencias de la indefensión aprendida (depresión, falta de memoria, capacidad de aprendizaje, perturbaciones emocionales, etc).

Es exactamente el mismo mecanismo que aprende un niño al que no se atiende, al que se aplican métodos para aprender a dormir.

Me dirá usted que es que esto es con primates (que dicho sea de paso, también lo somos nosotros, además de que estos experimentos también se han replicado en humanos con el mismo efecto). Efectivamente, y le doy las gracias por recordarme que los humanos necesitamos aun más del cuidado materno, ya que nuestro cerebro nace aun más inmaduro, se desarrolla más lentamente extra útero y necesitamos mucho más tiempo y cuidado por parte de la madre. De día y de noche.

No se si conoce los efectos para un bebé de no ser atendido en su llanto y “entrenado para aprender a dormir” (entrecomillo porque se le entrena para no llorar, que no es lo mismo, dormir ya sabe perfectamente con el tipo de sueño de un bebé que es diferente al del adulto, otra cosa es que no cuadre con los trabajos de los padres o sus ganas de dormir, pero no, no es un trastorno)

No se si ha oído hablar de las relaciones objetales, de cómo se establece la diferenciación yo-no yo, de como es necesario un útero psicológico, un continuum tras el parto para un desarrollo psicológico sano. No casa demasiado con bebés en sus camas solos. Su propuesta casa más bien con niños y adultos sin identidad propia, problemas de adicción, de pertenencia a sectas, de gestión emocional, de depresión, ansiedad…

Tampoco habrá oído hablar de la Teoría del apego, del experimento de la situación extraña de Mary Ainsworth. De cómo lo natural (ya que habla usted de leyes naturales) es que un bebé sea dependiente (no en vano somos una especie altricial) para poder alcanzar la independencia real con el paso del tiempo (años). Sin esta dependencia natural y con una independencia impuesta, lo que se consigue posteriormente es precisamente dependencia. Por no hablar de los clasificados en psicología como trastornos del apego.

De todos modos me sigue maravillando como cada uno de sus artículos brilla por la ausencia de referencias a estudios o autores. Opiniones, al fin y al cabo, sin ninguna base.

Entiendo que es usted muy mediático (no hay más que ver su curriculum, escaso en formación, muy abundante en aparición en medios), que debe crear polémica para publicitarse (al fin y al cabo, le sigo el juego), que si quiere mantenerse en la cresta de la ola debe decir no lo que la ciencia y la ética dictan, sino lo que la gente de a pie quiere escuchar o usted cree que quieren escuchar, en todo caso lo que vende (le suena el concepto de disonancia cognitiva o tampoco?). Que le interesa no ser conocido por su profesionalidad, sino por todas estas cosas.

Vender libros y salir en programas de televisión. A costa de cualquier cosa, incluso de niños que serán maltratados.

Un showman, un tertuliano que expresa su punto de vista debe diferenciar entre esa faceta y la que ofrece como psicólogo. Está ofreciendo su mera opinión y sus prejuicios como recetas psicológicas. A mi me gusta la música rock, pero no la recomiendo ni opino sobre ella en artículos de psicología o firmando como psicóloga los mismos. Eso es confundir al personal.

Supongo que no entenderá nada y seguramente ataque con el mismo odio que destilan sus artículos. Alguien que no sabe lo que entienden o no, lo que pretenden o no los niños, no puede comprender esto. Para reflexionar y que quizá lo entienda, sustituya la palabra niño por mujer en sus artículos. Pasaríamos a las “mujeres maltratadoras” que no reciben el maltrato sin rechistar, que sólo quieren manipular al hombre. Las que deben recibir maltrato físico para saber cual es su sitio. Igual así lo entiende.

Laura Perales Bermejo
Mamá y Psicóloga

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