Las emociones negadas

Existen 4 emociones básicas: Alegría, miedo, tristeza y rabia. Estas emociones son universales y se presentan en niños y adultos. Su función es dar salida a lo que sentimos, y deben ser expresadas.

¿Qué sentido tendría una emoción que no es expresada? Todos comprendemos que los sentimientos deben serlo…excepto si nos fijamos en lo por desgracia habitual con los niños.

Hagamos un ejercicio de memoria, con nosotros mismos o con lo que solemos ver a nuestro alrededor: ¿no es cierto que lo “normal” es ver como se le dice a un niño “no llores”, “no te enfades”, “no tengas miedo”? En cambio la expresión de la alegría se ensalza. Creamos categorias de emociones buenas deseadas y emociones malas a reprimir. Y esto no es bueno, ni en adultos y mucho menos en niños que están creando la base de su desarrollo psicológico futuro.

¿Qué le trasmitimos a un niño al que le decimos que no se enfade? que reprima su rabia, rabia que no deja de sentir, rabia que al no ser expresada le daña. ¿Y cuando le decimos que no tenga miedo? Además de transmitirle que para nosotros no es importante lo que siente, le decimos que sienta el miedo en soledad, que no está bien visto que lo exprese y lo comparta. Con un “no llores” estamos transmitiendo de nuevo que sus emociones para nosotros no son importantes, y que si está triste no debe acudir a nosotros ni expresarlo, sino sentir esa tristeza en soledad y sin ser expresada.

Las emociones son sanas. Todas y cada una de ellas. No debemos reprimirlas. Como padres debemos ACOMPAÑAR. Si expresa rabia, miedo o tristeza, podemos decirle “se que estás enfadado/asustado/triste por X, lo se, estoy contigo”. Y abrazarle si quiere. Así el niño siente que comprendemos sus emociones, que puede expresarlas, y en un futuro sentira la confianza suficiente en sus padres para hablar con ellos de lo que siente. Sabrá reconocer sus emociones y no las reprimirá. Aprenderá a reconocer las emociones ajenas y sentirá más empatía. No tendrá miedo a expresar sus sentimientos ni a dar nombre a los de los demás.

Una emoción reprimida daña. No por no expresar por ejemplo rabia, como socialmente está bien visto, la emoción desaparece. La rabia sigue ahí, y al no darle salida la emoción no cumple su función.

Cuando los niños son pequeños, además de no reprimir estas emociones, debemos ayudarles y acompañarles verbalizandolas.

¿Y que solemos ver habitualmente cuando los niños crecen? pues que además del daño causado negando y reprimiendo emociones durante su infancia, los padres después se extrañan cuando su hijo no comparte lo que siente o piensa con ellos. Normal, ya que ha recibido entrenamiento para ello desde que era muy pequeño, seamos conscientes de ello o no. Y ellos tampoco serán conscientes en la mayoría de los casos de que están reprimiendo sus emociones, su cerebro estará entrenado para hacerlo de modo automático. Se convertirán en adultos que no sabrán lo que sienten, reprimirán sus sentimientos inconscientemente, tendrán miedo a expresarse, a compartir lo que sienten.

Pensemos siempre en nuestros hijos como personas dignas de respeto y dejemos a un lado lo que nos dicta la sociedad como deseable, por un desarrollo psicológico correcto de nuestros niños. Poco a poco, cambiaremos el mundo.

Laura Perales Bermejo
Mamá y Psicóloga

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