La separación del recién nacido de su madre

Frases como “que no os separen” refiriéndose a la separación del recién nacido de su madre desgraciadamente son una reivindicación (además compartida por una pequeña parte de la población). Digo desgraciadamente porque no debería ser una reivindicación, debería ser algo obvio que se tuviese en cuenta en los hospitales donde nacen esos niños. En muy pocos esto se considera, así como pocos son los padres que entienden la importancia de no separar a bebé y mamá al nacer aunque sea por falta de información.

No es un simple capricho, no es una moda, es algo tremendamente importante que puede condicionar la vida de ese bebé y también de esa familia, ya que en el parto nace el bebé, pero también la madre o incluso el padre.

La medicalización sistemática y por protocolo de los partos trae de mano los orígenes de la violencia. No se permite nacer a los bebés, se les arranca mediante forceps, ventosas o las manos de los obstetras, a veces llevados a esa profesión por sus propias carencias emocionales, erigiéndose en protagonistas del parto cosificando a madre y bebé, descargando su rabia inconsciente hacia la vida, la mujer, sus propias madres y crianzas.

En este vídeo podemos ver cómo un bebé recibe caricias en su primer contacto fuera de su madre, NACE (mínuto 1:37), la transición del medio líquido al aéreo es paulatina (permitido por el corte a su tiempo del cordón cuando deja de latir, no anticipadamente), es recibido con amor y no es separado de su madre, que para él es parte de sí mismo. La familia participa de un momento de vida y celebración, no de enfermedad y sufrimiento.

 

Pero lo normal es que esto sea lo raro. Lo normal es que no permitan nacer a ese bebé, que mamá y bebé se vean traumatizados por una violación en toda regla (no hablo de las veces en las que es necesaria la medicalización, sino de las que se aplica por sistema).

Ese bebé al nacer se encuentra con ruido ensordecedor, luces fuertes, gotas en los ojos, pinchazos, se queda sin respiración al cortar el cordón de modo prematuro adaptándose por la fuerza al medio aéreo desconocido para él hasta ese momento…Eso es lo primero que recibe. Se le separa de su madre, su hábitat, su yo, para estas pruebas o para cualquier otra cosa (incluso por demanda de la madre que no dispone de información).

No debe romperse el continuum, el bebé debe permanecer junto a su madre en todo momento, necesita de un útero psicológico para desarrollarse de un modo sano (esto puede favorecerse por ejemplo porteando al bebé y alternándolo cada vez más con exploración en el suelo según crezca). Durante este tiempo evidentemente habrá separaciones cortas por necesidad de la madre, pero cuanto más pequeño sea el bebé menos desarrollado estará y más impacto causarán estas separaciones, ya que su cerebro aun no dispone de la defensa cortical que acaba de formarse en torno a los 3 años y todo impacto emocional incide en el sistema nervioso vegetativo (a más pequeño más grave el impacto y con mayores consecuencias) y en el cerebro emocional (esta es una de las grandes razones por las que es muy perjudicial aplicar el método Estivill). Estos impactos en el sistema vegetativo condicionan toda nuestra vida, distorsionando nuestra percepción. Tras el parto y los primeros días es importante no separar a mamá y bebé.

Hasta los 9 meses de edad el bebé no percibe que la madre y él sean individuos separados, con el comienzo del desplazamiento motor y con la observación de mayores reacciones de apego ante la separación (coincidiendo con el comienzo de la exploración alejándose y la necesidad de disponer de la madre como base segura). La madre es una prolongación del niño, parte de sí mismo mediante la conexión boca-pezón o si no es posible la lactancia materna mediante el contacto de su piel y su mirada. Cuanto más pequeño es, más daño causa la separación, cuanto más si acaba de nacer, posibilitando una escisión del yo que se produce como defensa psicológica. Para un bebé los minutos son horas, incluso días, ya que no entiende la temporalidad.

Al nacer se produce un momento mágico en el que el bebé contacta ocularmente con su madre, busca su mirada y se inicia el vínculo, la explosión hormonal que si no se ve frenada por un parto violento o la propia estructura psicológica materna, une a mamá y bebé enamorándolos. Separando a mamá y bebé estamos evitando que esto se produzca e incidiendo además en un posible fracaso en la lactancia materna. Este reflejarse en los ojos de su madre va proporcionando al bebé poco a poco conciencia de sí mismo, así como de la emoción que produce. Si es amor, ese niño tendrá muchas más posibilidades de crecer sano emocionalmente, de ser feliz y de percibir el mundo como un lugar seguro y lleno de vida.

Es importante que sea la madre la que esté con el bebé al nacer y posteriormente, siempre con el apoyo de otras personas, aunque gradualmente otros puedan involucrarse en la crianza. La madre le da al bebé los sonidos, olor y todo lo que tenía durante el embarazo. Por eso no es recomendable que otras personas bañen al bebé (aunque inicialmente ni siquiera habría que bañarle ya que no es necesario, ni ponerle gorros ni nada que pueda entorpecer la formación de ese vínculo que también se ve influenciado por el olor del bebé), ni siquiera que otras personas que no sean la madre le cojan en brazos los primeros días. Si se desea facilitar descanso a la mamá, se puede ayudar llevándole comida, ayudando en la casa con las tareas domésticas, atendiendo a sus otros hijos si es que los tiene, mimándola todo lo posible para que mamá y bebé puedan descansar y estar juntos, como deben estar.

En caso de que la mamá no pueda atender al bebé temporalmente por causas de fuerza mayor como una intervención quirúrgica, se debe facilitar el contacto con el bebé todo lo posible, o al menos que el padre u otra persona mantenga el contacto piel con piel con el bebé. Pero si la madre puede, es con la madre con quien debe estar.

Los estudios de Spitz (de los que ya hablamos en este artículo) muestran lo importante del contacto emocional, al igual que Harlow, Bowlby y más adelante Mary Ainsworth con su experimento de la situación extraña. La ausencia de este contacto puede provocar incluso la muerte.

El parto debería ser un momento de paz y recibimiento respetuoso del bebé, no un trauma terrible del que muchas mamás no llegan a recuperarse y por el que muchos bebés ven condicionada toda su vida. Si un parto natural no es posible por diversas causas, al menos se debe respetar este continuum y no separar ni un minuto tras el parto a la mamá de su bebé. Ese bebé se juega mucho, pero nosotros también, nos jugamos el futuro de la humanidad.

Laura Perales Bermejo
Mamá y Psicóloga infantil

www.crianzaautorregulada.com 

 

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