La maternidad anestesiada

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Ser madre mamífera, vinculada, en contacto con toda tu sexualidad (que no es sólo coito) y teniendo presentes las necesidades de ese ser que elegiste traer al mundo, se ha convertido en un acto antisistema.

Desde ciertas áreas del feminismo (afortunadamente, no todas, el feminismo es imprescindible), se lanza el mensaje  de que ser madre es esclavo, que una mujer libre debe realizarse profesionalmente, trabajar fuera de casa y desapegarse todo lo posible de sus criaturas. ¿Dónde queda en esta supuesta libertad el que una mujer elija ser una madre vinculada con su bebé? ¿Qué mensaje estamos lanzando, que presión estamos ejerciendo sobre las madres que lo eligen? Con ese mensaje, se perpetua el juego del patriarcado, diciéndoles a las mujeres lo que deben hacer, diciéndoles que para ser “libres” deben convertirse en esclavas del sistema capitalista, y no sólo eso, sino que deben dar las gracias. Se favorece que se sigan criando hijos sanos del patriarcado, desapegados, sin capacidad de empatizar, con todo lo que significa para la salud mental que un bebé sea separado de su madre. Se da por válido que el que te aparta de tu desarrollo profesional es tu hijo, no el sistema que criminaliza la maternidad. Una falsa igualdad en la que todos debemos ser esclavos, mientras en multitud de aspectos la desigualdad sigue imperando.

El inconsciente colectivo es muy potente. La madre del cordero aquí es la permanente obsesión por romper la simbiosis entre madre y bebé y por invisibilizar y desvalorizar la maternidad. Por matar lo vivo porque nosotros hemos mamado muerte y no lo soportamos.

Lo biológico no es opinable, está más allá de ideologías. Durante los primeros años, la madre es una figura esencial e insustituible para el bebé. Del mismo modo, en la madre se operan cambios físicos y psicológicos que también tiene derecho a vivir si lo desea. Distinto es que a veces no queramos hacerlo así, o que incluso queramos pero no podamos. Pero lo biológico no se puede negar, por mucho que así nos sintamos mejor, no cambiará. Por mucho que se escriban artículos, libros, se creen grupos de madres desapegadas que alardean de ello como si fuese un concurso…la realidad es la que es, otra cosa son nuestras opiniones y nuestras elecciones, respetables, pero que no pueden modificar la biología. Una peligrosa moda de negación de lo biológico, llegando incluso a tergiversar la evidencia científica para ello, está entrando en escena.  Nos jugamos algo muy importante con lo que no deberíamos trivializar.

¿Y el padre? Cierto, siempre que haya uno, porque se nos olvida muy fácilmente que hay multitud de realidades, de familias diferentes. O que a veces hay un padre y casi es mejor que no lo hubiese. “Pero es que siempre se habla de esto como si sólo fuese cosa de la madre”. Por supuesto que esto no es sólo cosa de la madre. No es lo mismo decir que la madre es una figura fundamental e insustituible desde el punto de vista biológico, que cargar a la madre con todo o culparla. Nadie lo hace. La madre necesita que la cuiden para poder cuidar, ESE ES EL FALLO y hacia donde debemos señalar. La madre necesita apoyo constante. Pero las madres están SOLAS, incluso las que tienen pareja. Esto es lo que debería cambiar urgentemente. Para empezar ampliando el derecho, que no baja, por maternidad, dejándose de igualdades falsas que lo único que hacen es cerrar la puerta a esto, remunerando los cuidados que son la base de toda nuestra sociedad, facilitando a las madres que deseen criar así el apoyo que necesitan, la tribu, el descanso. Pero estamos hablando de una sociedad en la que ni siquiera se atienden las depresiones postparto, ignorando al “recipiente” una vez ha dado a luz al “producto”. Una sociedad que ignora el puerperio, cuyo mensaje es que la crianza es una lacra, que debes meter al niño cuanto antes en una guardería con mentiras como que así socializan (imposible a esas edades), llamando conciliación a la creación de guarderías desde los cero meses.

La función del padre en estos primeros años (especialmente en los primeros meses), cuando hay padre (o pareja), es facilitar que lo biológico ocurra. Hacer de tribu, ya que esta no existe. Cuidar de la madre, mimarla, favorecer que ella pueda descansar. Esto, es raro que ocurra, de nuevo por el mensaje social distorsionado que habla de optar por la lactancia artificial para que el padre pueda compartir la lactancia (por ejemplo). Con la de cosas que puede hacer el padre… ¿por qué no se habla de cuidar de la madre que elige dar el pecho? Por no hablar de algunos movimientos distorsionados de “paternidad consciente” basados en la usurpación de lo biológico y en las relaciones de poder, intentando, como en todos los órdenes de esta sociedad, relegar a las mujeres siempre a un segundo plano para seguir siendo los protagonistas. Se confunde corresponsabilidad (muy necesaria) con usurpación de lo biológico, pasando por encima de las necesidades del bebé.

Mi admirada Casilda Rodrigáñez ya hablaba del matricidio. Efectivamente, estamos matando a las madres, de un modo tan elaborado y retorcido que ellas mismas llegan a hacerse esto, a interiorizarlo. Una vez esto ocurre el niño puede ser incorporado al sistema, fagocitado, anestesiado. Nosotras mismas escapamos de esa simbiosis, de esa sexualidad.

Los partos “normales”, intervenidos por sistema, muchas veces violentos, así como las separaciones postparto, siempre innecesarias, son una pieza más en toda esta trama. ¿Dónde quedan las hormonas que favorecen la formación del vínculo, que facilitan la crianza posterior? Hormonas que se segregan si el parto sigue su ritmo natural, si el bebé no es separado de la madre. Bebés percibidos como extraños. Y nuestra historia, que también pesa. Una persona que no ha vivido el vínculo, no va a ser capaz de vincularse. La carencia que constituye la base de la sociedad de consumo, perpetuada para sostenerla.

La maternidad idealizada que nos venden no ayuda. Lo que vemos en el cine, en las revistas. Sólo nos muestran una maternidad idílica o una negación de la misma. La falta de vivencia en grupo, de compartir experiencias, nos hace no tomar contacto con la realidad. Cuando llega, golpea con fuerza. Pero de nuevo el mensaje está distorsionado, porque lo que nos golpea a las madres no es el bebé, no es la maternidad. Es la maternidad en soledad. Es el cansancio. Son las infinitas trabas que encontramos para llevar a cabo una crianza mamífera y las mil facilidades que nos ofrecen (con sus intereses comerciales detrás) para separar al bebé de nosotras y romper la simbiosis. Además, en aras de nuestra “liberación”, que está muy bien cuando una desea hacerlo así, pero ¿y la presión que se recibe cuando una no desea hacerlo? ¿Qué es lo que se facilita y para qué se presiona? ¿Guarderías o poder quedarse con la madre? ¿Lactancia materna o biberón? ¿Qué tipo de parto está normalizado? ¿Por qué parto y embarazo se han convertido en enfermedades bajo control médico?

Por ello, deberíamos dejar de culpar a los bebés por haber nacido, deberíamos ser responsables, la decisión de ambos estuvo ahí. Y aquí sí, hablo de ambos, padre y madre, siempre y cuando hablemos de este tipo de familia y ambos hayan sido responsables desde el inicio, no como en algunos casos de cópula y fuga…Porque si bien la madre cumple esa función biológica inicial, reitero que es la pareja, cuando la hay, la que también debería hacer lo que madre y bebé necesitan y proteger la díada y el vínculo. ¿Alguien piensa en los bebés? ¿Tenemos en cuenta sólo nuestras elecciones personales o qué es lo que necesita esta persona que hemos traído al mundo, eligiendo hacerlo?

También deberíamos dejar de culparnos nosotras mismas. Cuando alguien nos ofrece información sobre lo perjudicial de algún alimento que consumimos, no nos sentimos culpados. Incluso lo agradecemos. Cómo cambia todo cuando el tema es la maternidad, ¿por qué nos sentimos culpadas? Dar información sobre lo biológico no es ni por asomo culpar. Es intentar ayudar. La información está ahí para que quien quiera la aproveche. Además, como ya he expuesto, es demencial culpar a ninguna madre estando como estamos en un sistema que se dedica a machacar la maternidad y a dejarlas solas ante algo que requiere tantísimo. Pero nos han hecho mamar tanta culpa, que enseguida nos sentimos atacadas y culpadas, llegando incluso a culpar y a atacar a aquellas personas que no nos están culpando. Nos sentimos malas madres si vemos que otras personas crían a sus hijos de forma mamífera y necesitamos denostar lo biológico. No sois malas madres. Sois las primeras víctimas de todo esto. No es necesario que os sintáis así, ni que ataquéis a otras personas por el camino. Sería bueno que todos nos centrásemos en ver el todo de esto, en reunir todas estas piezas, para darnos cuenta de la magnitud de lo que estamos viviendo, y de las consecuencias. Las supuestas guerras de madres son una herramienta más del patriarcado, no estamos dirigiendo la atención hacia donde debemos.

Es hora de que las madres nos sentemos, nos miremos a los ojos, nos contemos nuestras miserias, compartamos nuestras vivencias. Que no permitamos que nadie utilice nuestra maternidad  o nuestra soledad para vender libros u otros productos. Que si estamos solas, nos acompañemos las unas a las otras y reclamemos, exijamos,  de una vez por todas los cuidados que necesitamos. Que nos quitemos de la cabeza esa sensación de no estar haciendo nada si elegimos cuidar de nuestros bebés.

Atacando a las madres que crían de manera mamífera o que nos ofrecen información para ayudarnos, por sentirnos culpadas o “malas madres”, negando que el sol sale de día diciendo que al bebé no le pasa nada si no hay contacto, no llegamos a ninguna parte. No necesitamos justificar nuestras maternidades. Necesitamos que nos dejen de machacar, necesitamos información veraz, necesitamos tribu.

Laura Perales Bermejo

Psicóloga y madre

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