Informe sobre Psicología de la lactancia

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Informe sobre Psicología de la lactancia por Laura Perales Bermejo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://www.crianzaautorregulada.com/informe-sobre-psicologia-de-la-lactancia/.

1-Introducción:

Al igual que todo lo que implique contacto con la madre, la lactancia materna tiene una grandísima importancia en el desarrollo de la persona desde que nace. Este informe quiere sintetizar los puntos más importantes de la lactancia respecto a lo psicológico, sin meterse en la parte física que corresponde a otros profesionales como asesoras de lactancia o IBCLC. Para profundizar más, se recomiendan los materiales citados en el apartado de bibliografía.

Así mismo, hay que destacar que la lactancia materna no es lo mejor. La lactancia materna es lo que debería ser lo normal, lo sano. Desgraciadamente, en esta sociedad lo normal suele ser sólo habitual, no tiene mucho que ver con lo sano, con lo que la lactancia artificial se normaliza y pasa a ser una elección sin tener en cuenta todo lo que puede ocurrirle al bebé. Es importante que las madres estén bien informadas para tomar una decisión consciente, no pensando que da igual una cosa que otra, y que cuando se opte por lactancia artificial, sea porque no puede ser materna. Igualmente, cuando una madre no puede dar el pecho, necesita información para hacerlo del modo más cercano a la salud. No se trata de culpabilizar, sino de informar adecuadamente a las madres, y, cuando no puede ser lactancia materna, apoyarlas y ayudarlas.

Las madres siempre buscan lo mejor para sus hijos, y es inadmisible que desde el mundo profesional se den informaciones basadas en opiniones personales, sin fundamento y dañinas. Es fundamental que cada profesional se ciña a su campo formativo, y que si expresa opiniones o experiencias personales, indique que es así. No podemos disfrazar de ciencia las opiniones personales. Los pediatras no están formados en psicología y no deberían aconsejar sobre dónde duerme el bebé, psicología de la lactancia o de la crianza, del mismo modo que a un psicólogo no se le debería ocurrir dar consejos desde su profesión sobre la parte nutricional o de salud física (para lo cual, se deriva a una asesora de lactancia o IBCLC).

La lactancia, sobre todo tras el parto, es algo muy delicado. Cualquier mínima intervención puede significar que la lactancia materna finalice. Malos consejos como darle el pecho cada determinado tiempo en vez de a demanda, que el bebé duerma separado de la madre, comentarios infundados sobre “malas leches” o ausencia de la misma, introducción de biberones innecesarios “para que la madre descanse”, “porque no tienes leche”, o directamente sin decir nada. Lactancias dolorosas y desinformación sobre por qué tengo dificultades, sin derivar a asesoras o IBCLC. Todo esto, puede hacer fracasar la lactancia materna, y, con ello, muchas veces fracasa el vínculo, lo cual voy a desarrollar brevemente en este informe que espero que sea de utilidad para familias y profesionales.

2-Sexualidad y lactancia:

El concepto de sexualidad está distorsionado culturalmente, siendo algo sucio, tabú, de lo que avergonzarse, algo que esconder, más cercano a lo pornográfico que a otra cosa, y sólo está asociada al coito adulto.

La sexualidad natural nada tiene que ver con eso, la sexualidad es todo aquello que nos produce placer (incluso comer algo que nos gusta), está presente desde el momento de la concepción, pasando por diferentes fases. Es decir, existe la sexualidad infantil, aunque están en un punto diferente que los adultos, evidentemente. Y la lactancia (entre otras muchas cosas) es sexualidad, tanto para la madre como para el bebé.

Las fases del desarrollo psicosexual son diferentes en nuestra cultura que en otras culturas más cercanas a lo natural y a la autorregulación. En su día se realizaron estudios antropológicos sobre el tema, aunque dudo si en la actualidad quedará alguna cultura que siga tan próxima a la salud. Esto lo estudió, por ejemplo, el antropólogo Bronislaw Malinowski en las islas Trobriand, en la Melanesia.

Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo. En estas culturas no hay suicidios, no hay violaciones, no hay abuso sexual…no hay violencia (aunque si hay agresividad natural y sana para la defensa del espacio personal).

La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé/niño.

Desde el útero, el bebé está conectado física y psicológicamente a la madre mediante el cordón umbilical. Esta conexión se conoce como la primera gran boca, la fase trofoumbilical. Es esencial que tras el parto, el bebé pueda sustituir, sin forzar, esa conexión trofoumbilical más primitiva por la conexión boca-pezón, vivir ese continuum también en este aspecto.

Para ello, es de suma importancia la no separación de madre y bebé tras el parto, pudiéndose realizar todas las pruebas que sean necesarias encima del cuerpo de la madre, con su piel, su mirada y su contacto. Las separaciones postparto, pueden provocar el fracaso de la lactancia materna. Cuando hablo de separación no sólo me refiero a incubadoras o ingresos, también me refiero a cunas hospitalarias y otros factores, por mucho que la madre esté cerca. El bebé necesita contacto directo piel con piel.

Recordemos que la lactancia es sexualidad, tanto para bebé como para la madre. La madre debería sentir placer al dar el pecho (si no ocurre, hay que ver qué pasa, mirando tanto lo físico como lo psicológico). No es un placer enfermizo, no es algo malo. Hay madres que sienten rechazo al dar de mamar porque sienten ese placer y se sienten mal. Es esencial informar a esas madres, desculpabilizarlas y relajarlas. Lo mejor que puede pasar es que se sienta placer al dar de mamar. Por el mismo motivo, es importante que la madre descargue sexualmente si está dando de mamar, ya que se carga y esto puede fomentar que haya más tensión en la crianza, menos contacto consigo misma y que todo vaya cuesta arriba, afectando también al bebé. Se puede descargar con la pareja o con una misma, siempre y cuando a la madre le apetezca, no como “deberes”. El cansancio que viene de la mano de la crianza antinatural sin el apoyo de una tribu no ayuda mucho en este punto.

Hay bebés de menos de 7-8 meses que pueden tener lo que se conoce como “orgasmo oral”. Estos bebés sienten ese placer y esa conexión al mamar del pecho materno (con lactancia artificial esto no ocurre), y tienen una erección de una especie de pelillos que tenemos antes de esa edad en la base de las encías, los magoletes. El bebé se pone colorado, se mueve, pone los ojos en blanco…esto es una muy buena señal que a veces es malinterpretada, ya que la madre puede asustarse y llevar al niño al pediatra, que en demasiadas ocasiones, al no estar formado en lactancia ni en psicología, diagnostica epilepsia al bebé.

Lo ideal sería que el niño pudiese disfrutar de lactancia materna, siempre que sea posible, COMO MÍNIMO hasta los tres años, momento en el que comienza gradualmente el salto a lo social. En este inicio de la soccialización no ayuda el modo antinatural en el que vivimos, ya que no vivimos en tribu, tal como estamos preparados como especie para vivir. Vivimos en casas unifamiliares donde prácticamente estamos encerrados y sólo salimos para trabajar y poco más, con nuestra televisión, ordenador, consolas…Esto no facilita la socialización de nuestros hijos a partir de la edad en la que necesitan comenzar a hacerlo (3-4 años, siempre sin forzarla y con una adaptación correcta o el acompañamiento de la figura de apego), sin que ello signifique escolarizar, ya que puede hacerse de otras maneras que no necesariamente implican la separación de su figura de apego. No facilita la relación con sus iguales y la exploración correspondiente. Además reprimimos la sexualidad natural infantil a causa de nuestros propios miedos y bloqueos. Es importante que tengan contacto con otros niños, que no se reprima su sexualidad, su curiosidad, que la crianza no esté basada en el autoritarismo, que los padres le ofrezcamos un modelo de pareja,  que les permitamos crecer sin agobiarles y les acompañemos desde la presencia psicológica, no sólo la física.

Un destete brusco traumático, cuando además no hay más razones para ello que la desinformación, durante esta etapa, puede provocar el (entre otras cosas que pueden producirla) una sensación de vacío permanente en esa persona, vacío que va a intentar llenar con cualquier cosa, sobre todo lo relacionado con el tema oral, adicciones o con pertenencia a algo, sin poder llenar ese vacío jamás, porque es un vacío de maternaje. Intentan llenarlo con drogas, alcohol, tabaco, sexo compulsivo (no de manera natural), consumismo exacerbado, pertenencia a sectas, fenómeno fan, trastornos alimenticios, etc.

Estas características son un retrato de la sociedad en la que vivimos, fruto del destete brusco (por ejemplo, con sustancias amargas o picante) o precoz debido a la desinformación y los intereses económicos de casas de leche artificial, entre otros factores. La generación del biberón ha sido la generación del botellón.

3-Por qué importa la lactancia materna:

Además de todo lo ya citado, el que la lactancia sea materna tiene el componente psicológico único de esa conexión boca-pezón, y de la piel.

Cuando un bebé nace, es importante que no sea separado de su madre para que, entre otras cosas, pueda producirse el inicio del vínculo primario. En esta fase del parto se segrega adrenalina, lo cual permite que el bebé y la mamá estén en ese estado de alerta que permite el establecimiento del vínculo, de la lactancia materna y permanecer vigilante ante los posibles ataques de depredadores en un momento tan delicado y con olor a sangre, tal y como nuestra memoria de la especie nos dicta por mucho que estemos en un hospital. El pistoletazo de salida para que se produzca el vínculo es el masaje que recibe el bebé en el canal del parto, seguido de la búsqueda de la mirada de su madre al nacer. En esa mirada y en esa piel se siembra la semilla de lo que va a ser esa personita en toda su vida (si no ha ocurrido, se puede compensar con intervención psicológica). Pero esto no finaliza ahí, el vínculo sigue formándose, desarrollándose, y tiene mucho que ver la lactancia materna.

El bebé, si no ha pasado nada durante embarazo y parto ya, tiene el instinto de arrastrarse hasta el pecho de la madre para realizar el autoenganche. Esto no ocurre siempre, en gran parte porque no se permite y se interviene compulsivamente, pero es algo muy beneficioso, que de nuevo tiene que ver con la autorregulación.

Al mamar de su madre, el bebé suele buscar su mirada si todo va bien. Hay bebés que evitan la mirada de manera habitual, habría que ver lo que ha ocurrido y compensarlo. En ese ir y venir de sus ojos a los de la madre, con piel al tacto y vista, comienza un camino lento y progresivo esencial en el desarrollo psicológico del niño: la formación del yo, que tiene lugar desde que el niño nace y se establece ese vínculo primario hasta más o menos los 3 años de edad. Para ello, es de vital importancia la capacidad de contacto del adulto, el estar “con”, el ser capaz de ver al otro y contactar con él.

Durante todo ese tiempo, el niño pasa por varias fases. Va separándose gradualmente del cuerpo de la madre en lo que se conoce como relaciones objetales. Al nacer, el ecosistema del niño sigue siendo el cuerpo de la madre (de hecho, son uno), en lo que se llama exterogestación (hasta los 9 meses). Después, coincidiendo con el comienzo de la locomoción más activa, el niño va abriendo ese campo, incorpora a otras figuras como el padre a su ecosistema (el padre es una figura de apego en torno a los 18 meses), y, según crece, va ampliando el círculo y accediendo a ecosistemas mayores (familia, escuela o iguales si no se escolariza, etc). Esto ocurre por la sencilla razón de que han estado en el cuerpo de la madre durante el embarazo y es de ese cuerpo del que deben irse separando de modo gradual, para lo cual deben vivir una dependencia sana y necesaria como especie hasta los 3 años de edad, momento en el que ellos mismos comienzan a dar señales graduales de independencia y separación progresiva. Pero para ello han tenido que vivir la dependencia necesaria anterior. Ese yo va formándose, pasando por fases como la de reafirmación conocida despectivamente como “rabietas” (necesaria y sana para su desarrollo emocional y como personas), para, una vez formado, entender que hay otros, ya que antes de eso no lo comprenden. Una de las cosas que facilitan este paso del yo a los otros, esta formación del yo, es un tránsito satisfactorio por las etapas de las relaciones objetales, siendo uno de los factores relevantes la lactancia materna.

Aquí también hablamos del estilo de apego que se desarrolle, porque si bien toda crianza es con apego, hay estilos saludables y otros que no lo son (apego seguro o inseguro, con sus subtipos evitativo, desorganizado y resistente). El tipo de apego que se geste va a condicionar toda una serie de respuestas automáticas futuras, incluso patologías, y el modo de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás (relaciones de pareja, sociales, laborales…). Que el apego sea de un modo u otro, lo determina la respuesta sensible por parte de la figura de apego a las conductas de apego (llanto, mirada, succión al mamar, etc). Si la respuesta es habitualmente sensible, adecuada y rápida, es más posible que se desarrolle un apego seguro. De hecho mamar suele ser una conducta de apego que el bebé emplea para compensar cosas que le han ocurrido, como por ejemplo cuando ha habido separación postparto, o cuando a los padres no les queda otra que dejarlo en una guardería, y el niño, al volver con ellos, pide el triple de contacto y pecho, con el fin de compensar la falta de contacto anterior, siendo importante que en la medida de lo posible satisfagamos esa necesidad de contacto y succión del niño. Cuando no se responde de manera consistente a las conductas de apego, estamos fomentando un apego inseguro.

Hay diferencias significativas marcadas por el hecho de dar el pecho o no hacerlo. Existen casos de gemelos y mellizos, que pese a haber compartido ambiente uterino y circunstancias (dentro de que para cada uno sigue siendo único), la diferencia la ha marcado el que uno fuese amamantado y otro no, o que la lactancia de uno comenzase más tarde que la de otro por interferencias hospitalarias.

Por lo tanto, dar el pecho siempre que sea posible, es muy importante, ya que es una de las vías facilitadoras del vínculo, el apego seguro y la formación del yo.

4-Qué pasa si no puedo dar el pecho:

En los casos en los que no ha sido posible dar el pecho, puede darse biberón con contacto. No va a ser lo mismo que si fuese lactancia materna, ni en lo psicológico ni en lo físico, pero el tema vincular, de formación del yo, etc, puede darse, siempre y cuando el biberón no se dé de manera mecánica. Recordemos que hablo exclusivamente del tema psicológico, respecto al tema nutricional y lo relativo a la salud física, recomiendo consultar con asesoras de lactancia o IBCLC, ya que hay bastantes puntos que hablan de lo perjudicial que es la leche artificial, e incluso el continente (biberón).

Evidentemente, hablo de los casos de imposibilidad para dar el pecho, porque en los casos de simple elección, no va a haber capacidad de contacto, y, por lo tanto no va a existir vínculo. A veces, en aras del respeto a las opciones se nos olvida que no sólo existe la madre, sino que hay otra persona que se juega mucho, y ese es el bebé. La madre debe estar, por lo menos, informada.

Por lo tanto, estos factores psicológicos sólo podrían salvarse pese a que fuese lactancia artificial, y no en el mismo grado, siempre y cuando exista capacidad de contacto, lo cual pasa porque el motivo de que la lactancia sea artificial sea por razones de peso, por imposibilidad, o también en los casos en los que ha sido por desinformación pero la madre si tiene capacidad de contacto, en los cuales deberíamos facilitar información y apoyo cuanto antes para que se pueda establecer lactancia materna. Es muy probable que no exista capacidad de contacto si la madre no quiere dar el pecho por razones estéticas, por comodidad, por rechazo, etc.

El biberón puede darse piel con piel, con mirada, con contacto, a demanda. Incluso se puede dar con leche materna propia (si no se puede dar el pecho por un tema psicológico grave que daña incluso al bebé cuando mama, pero si tenemos leche) o de un banco de leche. Se puede incluso relactar si antes hemos tenido que pasar por x motivos por una fase con biberón. De este modo, al menos el tema vincular puede darse, aunque nunca será lo mismo que mediante lactancia materna y siempre debemos intentar que sea así. El biberón no deja de ser plástico, no hay un ser humano unido a él, por lo que debemos intentar compensar esto de otras maneras (por ejemplo, incrementando el contacto haciendo piel con piel).

Las personas somos víctimas de nuestras vivencias infantiles. Lo que hemos vivido, configura nuestra estructura psicológica, lo que hacemos, cómo lo hacemos, lo que sentimos y percibimos. Se puede decir que nuestra realidad está formada por lo que hemos vivido. Por ello sería bueno que desde el estado se financiase la terapia para padre y madre antes de la concepción, o cuanto antes si ya se ha producido. También saber que cada estructura psicológica es probable que presente algunos problemas (a veces son físicos, me refiero a cuando son psicológicos), como el rechazo al dar de mamar, las grietas o el dolor cuando no son por problema físico o de postura, el que el bebé rechace el pecho (junto con lo que haya ocurrido en embarazo, parto y postparto), etc. La prevención tendría que ser clave, para intentar evitar que estas cosas ocurran y favorecer un mayor índice de lactancia materna satisfactoria, con todo lo que ello implica.

Las personas también son víctimas de profesionales desactualizados, desinformados e irresponsables, incapaces de derivar a otro profesional. Deberíamos trabajar en equipo desde los diferentes campos. Porque si no se hace, hay víctimas, y no sólo los bebés, también las madres que querían ofrecer lactancia materna y se les ha robado. No se trata de ser madres perfectas, sino suficientemente buenas, si nos dejan.

En lo que respecta a la lactancia materna, influye todo lo que pasa no sólo en el momento de establecerla y siguientes, sino lo que ocurre antes, desde la concepción. Entre otras cosas, puede influir psicológicamente (recuerdo que no hablo de otros campos) en que no se establezca lactancia materna o en que haya problemas:

• Historial de la mujer, especialmente el de su propia lactancia como hija y en lo que tiene que ver con la sexualidad.
• Embarazo no deseado.
• Embarazo estresado (a veces la mujer ni se da cuenta porque vive así permanentemente y no tiene con qué comparar).
• Embarazo traumático.
• Infantilización de la mujer por parte de profesionales o entorno, que activa roles y comportamientos automáticos grabados en la infancia.
• Parto violento.
• Cesáreas, fórceps, ventosas, etc.
• Nacimientos de más de un bebé (gemelos, mellizos), si son vaginales, en los que uno abre camino al otro a través del canal del parto y el que viene detrás no recibe la activación del masaje de dicho canal.
• Separación postparto (ya sea incubadora, ingresos, o cunita del hospital).
• Posibles impedimentos al vínculo: pomada en los ojos del bebé, luces fuertes, exceso de visitas, fotografías con flash, dormir separado de la madre, gafas o lentillas, bañar al bebé tras el parto, colocarle guantes o gorro, ropa, collares, pendientes o distracciones entre el pecho y los ojos de la madre (debería haber sólo piel de los ojos del bebé a los de la madre, por lo que es más aconsejable sacarse el pecho por encima de la ropa que por debajo, por ejemplo), etc.
• Apoyo en el día a día o ausencia de este (importancia de la pareja si existe). Juicio social.
• Cansancio de la madre, necesidad de tribu.
• Rechazo o dolor al dar de mamar por vivencias de su pasado (importante tener en cuenta si ha habido abuso sexual en la infancia).

Todos estos factores pueden influir no sólo en la madre, sino también en el bebé, que puede llegar a rechazar el pecho. Realmente nos ponen muy difícil el que las cosas salgan como deberían salir, por eso es tan importante la información, la prevención, la compensación trabajando con un profesional cualificado o desde casa (con cosas tan sencillas como por ejemplo colechar), pero también el no juzgar a las madres que no han podido dar el pecho, sino ayudarlas, si lo desean, a establecer el vínculo y si fuese posible incluso a relactar con ayuda de una asesora o IBCLC.

Otro motivo de abandono de la lactancia materna es cuando el bebé muerde el pecho. En estos casos habría que averiguar el motivo por el que el niño muerde, descartando antes que no le estén saliendo los dientes o que muerda cuando se queda dormido, ambas cosas normales. A veces la madre no está en contacto con el niño, porque está a otra cosa (internet, móvil, etc), o por su propio historial está transmitiendo (sin saberlo) tensión el bebé (que se focaliza en la zona oral por la etapa en la que se encuentra, y para descargarla muerde, sin intención alguna de dañar), siente rechazo al dar de mamar, o hay algo de otra índole que está creando acumulación de tensión en el niño. Deberíamos averiguar la causa antes de pretender acallar el síntoma, ya que gracias a que hay síntoma, sabemos que algo puede pasar y podemos ayudar a esa madre y a ese bebé. Siempre que la causa sea eliminable o atenuable, actuaremos en ese sentido. Pero en todo caso, deberíamos intentar evitar expresiones como “no se muerde”, “me haces daño”, o similares, ya que sólo contribuyen a crear más tensión en el niño (recordemos que no pretende dañar, y ni siquiera entiende que somos otra persona aun), provocando incluso que muerda más debido a la tensión acumulada (además de recibir rechazo en un momento tan importante como el de la conexión boca-pezón, en el que sólo debería recibir placer y amor incondicional). Teniendo esto en cuenta, deberíamos prevenirlo detectando con antelación esa tensión mandibular en el niño, ayudándole a rebajarla con nuestra presencia y un masaje profundo en esa zona. A veces es necesario sacar el pezón delicadamente, rompiendo el vacío con el dedo meñique, para volverle a ofrecer al momento (ya sea porque nos tranquilicemos, porque le ayudamos a descargar esa tensión, porque nos centremos de nuevo en el niño…). Si nos muerde, en la medida de lo posible debido a las reacciones automáticas, lo mejor es que intentemos no gesticular ni gritar, y que del mismo modo antes descrito, saquemos el pezón para volver a darle pecho al momento o al rato.

En el caso de las adopciones, se puede lactar. Hay casos de madres adoptivas que han acabado segregando leche dando de mamar un tiempo con ayuda de un relactador. En el caso de los niños adoptados el vínculo primario está ya tocado, por lo que todo lo que ayude a compensarlo, es de suma importancia, incluyendo la lactancia materna.

Otro punto importante, cuando se plantea no dar el pecho por ausencia de leche, es la lactancia materna en seco, igualmente beneficiosa para el tema del vínculo, porque recordemos que la lactancia no es sólo alimentación.

5-Destete, cómo y cuándo:

Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño.

Si todo va bien, esto suele comenzar (digo comenzar, y de manera gradual) a partir de los 3 años de vida del niño, focalizando el placer ya no en esa zona oral, sino en el resto del cuerpo. En esto influye que no haya represión de la sexualidad infantil, para permitir ese paso del placer oral al placer corporal. También influye que la etapa hasta los tres años haya sido vivida de modo satisfactorio, que la madre permita crecer al niño cuando comienza a dar señales de independencia desde los 3 años (esto no es forzado como a veces se pretende, se trata de observar y escuchar al niño sin reprimir ni imponer), que el padre sea una persona con capacidad de contacto y presencia (es el símbolo de lo social, de la búsqueda de iguales) y que el niño tenga acceso a iguales de manera habitual.

De este modo, el niño va espaciando las tomas, cada vez pide menos, de repente la madre se da cuenta de que lleva mucho tiempo en el que sólo le pide pecho para dormir (cosa que además es natural y va desapareciendo sola, en contra de lo que dicen muchos profesionales desinformados), hasta que llega un día en el que no vuelve a pedir pecho.

Esto puede verse afectado por los acontecimientos que viva, pudiéndose dar regresiones si algo le afecta (entrada en colegio, nacimiento de hermanito, etc), o demandando más pecho en momentos de crecimiento físico o psicológico, como cuando aprenden a andar, cuando comienzan a hablar, cuando pegan un estirón…Además hay momentos del desarrollo en los que se puede demandar más contacto y pecho, que hay que tener en cuenta para tranquilizar a las madres que creen que pasa algo, como a los 8 meses, coincidiendo con el periodo de angustia por separación, o al año, coincidiendo con el pico de conductas de apego observables.

Si no se ha podido llegar a este punto ideal de destete por iniciativa del niño, ya que la sociedad y nuestras vivencias no ayudan demasiado, hay que tener en cuenta que cuanto más pequeño es el bebé o el niño, más puede verse afectado, debido a su inmadurez y su carencia de defensas psicológicas. En todo caso, si por imposibilidad llegamos a ese punto de tener que abandonar la lactancia materna, y el niño ya no es un bebé, lo aconsejable sería no ofrecer el pecho y tampoco negarlo, intentando sustituir la toma por contacto, abrazos, alimentos, juego, agua…siempre que el niño acepte el sustituto. Si no lo acepta y sigue pidiendo pecho, y no estando en una situación de imposibilidad severa, aconsejo que se le dé, porque, además del daño que puede sufrir, cuanto más se lo neguemos más va a pedirlo para compensar cuando no lo ha tenido, entrando en una espiral de llanto y cansancio para niño y madre muy poco recomendable y mayor de en la que ya se podía estar.

En todo caso, se deberían evitar destetes bruscos, destetes con productos amargos o picantes, destetes traumáticos en general, siendo lo ideal que el destete sea por iniciativa del niño. No existe destete respetuoso que no sea por iniciativa del niño, lo que existen son destetes lo menos malos posible cuando es la madre quien lo decide.

Dar el pecho no es un capricho, ni una moda. La moda son los biberones, y la lactancia materna es un derecho y una necesidad física y psicológica para bebés y mamás.

Laura Perales Bermejo. Psicóloga y madre.

www.crianzaautorregulada.com

6-Bibliografía:

El sentido del tacto (Ashley Montagu)

Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida (John Bowlby)

El apego (John Bowlby)

La separación (John Bowlby)

La pérdida (John Bowlby)

Cerebro interno y mundo emocional (Rof Carballo)

Trauma, desarrollo y personalidad (Phyllis Greenacre)

La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente (Casilda Rodrigáñez Bustos)

Los bebés y sus madres (Donald W. Winnicott)

El niño abandonado (Niels Peter Rygaard)

Una base segura (John Bowlby)

Psicología del embarazo, parto y puerperio (Raquel Soifer)

La Función del Orgasmo (Wilhelm Reich)

La familia y el desarrollo del individuo (Donald W. Winnicott)

La relación madre-hijo (Marshall H. Klaus y Johan H. Kennell)

Ecología Infantil y Maduración Humana (Xavier Serrano Hortelano y Maite Sánchez Pinuaga)

Contacto-vínculo-separación. Sexualidad y autonomía yoica (Xavier Serrano)

Simbiosis humana. Las vicisitudes de la individuación (Margaret S. Malher)

Amar sin Miedo a Malcriar (Yolanda González Vara)

Análisis del Carácter (Wilhelm Reich)

Sobre el destete (artículo de Jordi Martínez Calabuig)

La Vida Sexual de los Salvajes del Noroeste de la Melanesia (Bronislaw Malinowski)

Amamantar por placer y la ubicación de los receptores de oxitocina (Reseña del libro “El crisantemo y la espada· de Ruth Benedict, comentada a la luz del Maternal emotions de Niles Newton).

La Irrupción de la Moral Sexual (Wilhelm Reich)

El primer año de vida del niño (René A. Spitz)

Los derechos de los niños (Margaret A. Ribble)

Estudio sobre el ansia genital de la madre nutricia (artículo de Elsworth S. Baker)

La primera relación madre-hijo (Daniel N. Stern)

Edipo Destronado. Sexo y Represión en las Sociedades Primitivas (Bronislaw Malinowski)

La Revolución Sexual (Wilhelm Reich)

Infancia, Edad Sagrada (Evânia Reichert)

Una teoría genética de campo sobre la formación del yo. Sus implicaciones en la patología (René A. Spitz)

Necesidades Sexuales en la Infancia y Adolescencia (Joan Vílchez Cambronero. Serie Conferencias, nº 3, publicaciones ORGON de la ES.TE.R)

Genitalidad Infantil y Socialización Primaria (artículo de Maite Sánchez Pinuaga)

Curso Básico de Psicoanálisis (Alberto Tallaferro)

La Guardería, Primeros Contactos Sociales (artículo de Vicenta Gillabert Molla)

La Autorregulación Según W. Reich y A.S. Neill (artículo de Jesús Mañas Montero)

Infancia y Prevención de Neurosis (Transcripción de una conferencia dada por Eva Reich el 27 de abril de 1978 en París)