Entrevista en “te doy mi palabra” sobre el sueño infantil

El pasado domingo fui requerida para participar en el programa de radio “te doy mi palabra” (Onda Cero), de Isabel Gemio, para hablar sobre el controvertido tema del sueño infantil. Tras lo que ocurrió y ocurre, creo necesario no simplemente colgar el programa en mi web, como hago con mis apariciones en medios, sino escribir sobre ello. Hay muchas cosas que decir.

Aquí, el enlace con el programa, que pasaré a comentar después:

PROGRAMA 18/10/2015

Comencemos por el antes. El domingo anterior se realizó en el programa una entrevista al señor Estivill, en la que recomendaron a los oyentes aplicar su método, y, en palabras de Isabel Gemio, que los bebés duerman cuanto antes en su cuna, porque “se acostumbran divinamente”. Esto provocó mucho revuelo en las redes sociales, muchas quejas al programa. Mientras tanto, yo escribía un mensaje en el muro de facebook del mismo Estivill, que por supuesto ya han eliminado, sobre el sueño infantil. Alguien sacó un pantallazo y lo llevo al facebook del programa de Isabel Gemio, y yo recibí un mensaje del programa para participar dando mi postura.

En los mensajes cruzados con el programa antes de aceptar, les dejé claro que sólo acudiría si se trataba de algo serio y objetivo:

“He participado y participo en diversos medios de comunicación, pero siempre con la garantía de que no se va a cortar mi mensaje, ni se va a manipular. De lo contrario, no participo. Este fin de semana trabajo los dos días, pero si la entrevista o intervención va a ser seria y puedo cuadrarlo, podriamos hablar.

Cuando dices “todo tipo de opiniones”, me imagino que es porque vais a hablar con más gente. Antes de intervenir, me gustaría saber con quienes voy a hablar o debatir, y además dejar claro que una cosa son las opiniones o las teorías, y otra lo que necesita el bebé biológicamente. Las elecciones de los adultos, son aparte, y no me gustaría participar en un espacio donde se pueda recomendar lo opinable por encima de la realidad biológica.”

Y su respuesta:

“En ningún momento se va a manipular tu mensaje, todo lo contrario, queremos escuchar y mostrar las diferentes opiniones que hay acerca de este tema, de ahí que queramos volver a tratarlo en el programa.”

Les recomendé varios expertos en el tema (como Ibone Olza), y la página web http://lacienciadelsuenoinfantil.blogspot.com.es/, lo que propició que llamasen a María Berrozpe.

Tras esto, una llamada de teléfono en la que vuelven a repetirme que va a ser un debate objetivo y respetuoso.

Evidentemente, yo no me creo nada, se lo que va a pasar. Se que van a cortarme, a manipular el mensaje, como ocurrió. Pero lo que importa no es lo que me hagan a mi, sino que pueda llegar, aunque sea una frase, a las familias. Así que accedo a participar, plenamente consciente de que me iban a vapulear y que en lo personal iba a ser duro. Sabiendo que me metía en la boca del lobo, pero pensando en los bebés y en sus familias.

Antes del programa, me solicitan un texto con los puntos que yo querría desarrollar para que “Isabel lo tuviese en cuenta a la hora de preguntarme. También se que la finalidad de pedirme el texto no es esta, sino saber lo que voy a decir, tenerlo con antelación, para intentar rebatirme. Este es el texto que les mandé, repleto de evidencia científica, referencias, datos:

1) Que hay teorías, elecciones, opiniones, y luego está la realidad biológica del  bebé (cosa que a los adultos puede escapársenos y que nos parezca que está divinamente en su cuna, pero no somos conscientes de todo lo que está pasando, nadie lo hace a malas, claro). Un bebé tiene un patrón de sueño diferente al del adulto, al igual que cuando somos ancianos también es distinto. No hay que enseñarles a dormir, el sueño es un proceso evolutivo. El patrón de sueño del bebé implica múltiples despertares para sobrevivir, ya que eso garantiza la cercanía de la madre. Por ello dejar a un bebé en su cuna para que “aprenda” a dormir (ya sabe hacerlo, con el patrón correspondiente a su edad) puede ser tremendamente dañino, ya que implica un patrón de estrés que se convierte en crónico. De hecho puede sentar las bases para la depresión, la ansiedad y multitud de patologías futuras.

2) Que la segregación de cortisol puede provocar cambios cerebrales (un niño solo en su cuna, llore o no llore, está segregando cortisol). Esto se ha demostrado con estudios en saliva midiendo el cortisol (hormona del miedo y el estrés), la cantidad segregada llorase o no el niño era la misma. Daña las conexiones neuronales, puede ser neurotóxico,  y, de hecho, incide directamente dañando los procesos de aprendizaje y memoria que se localizan en el hipocampo, que se atrofia con el cortisol. La amígdala, también se ve afectada. Con lo cual, en un cerebro en desarrollo, esto puede predisponer a esa persona a sufrir ansiedad y depresión toda su vida. Y un hipocampo atrofiado, lo cual significa que esa persona puede tener afectados los procesos de aprendizaje y memoria. Se puede consultar el estudio de la Washington University School of Medicine de Saint Louis, donde además se contrastó que el cerebro de niños de 3 años difería en tamaño y funciones si el niño había recibido esa atención o no. Los niños que no la habían recibido tenían un hipocampo (como comento, clave en los procesos de aprendizaje, memoria y gestión del estrés) significativamente menor. Serán niños menos inteligentes y más propensos a la violencia y la falta de empatía. También se puede predisponer a ese bebé a deficiencias en el funcionamiento del sistema inmune, osteoporosis, posibilidad de anorexia nerviosa, síndrome de Cushing, incremento de la presión sanguínea, entre otros.

3) Que la Teoría del Apego (ampliamente contrastada y respaldada por la comunidad científica, para más información consultar los autores Bowlby, Fonagy, Ainsworth, Rygaard) tiene mucho que ver en esto, ya que el apego se construye en base a la respuesta a las necesidades del bebé y el niño. Hay conductas de apego como el llanto, la sonrisa, la mirada, etc, que son puramente instintivas, preprogramadas y están destinadas a mantener la cercanía de la figura de apego para sobrevivir. Para sobrevivir, no para manipular. El tipo de apego que se vaya formando, que depende de esa respuesta que demos a las necesidades del niño, condiciona toda nuestra vida: las relaciones de pareja, de amistad, laborales e incluso la relación con nosotros mismos y con la vida en general. Y precisamente por la noche es cuando más conductas de apego, por lo general en forma de llanto, se encuentran, precisamente para sobrevivir, porque un bebé (o un niño pequeño) no tiene la capacidad cerebral para razonar aún, se encuentra en el polo instintivo.

4) Que desde la concepción hasta el primer año tras el parto, el bebé está desarrollando el cerebro primitivo, lo vegetativo, lo instintivo. Es lo que se conoce por período crítico biofísico, la etapa en la que más daño psicológico puede sufrir un ser humano. Son las bases de lo que vamos a ser toda nuestra vida. Si se gesta un apego seguro, el niño crecerá desde la seguridad y la autoestima. Desde el año de vida a los 3 años se desarrolla el cerebro medio, límbico, lo emocional (también importantísimo porque esa etapa condiciona su emocionalidad de por vida) y no es hasta los tres años cuando se desarrolla el cerebro superior, lo cortical, lo que nos permite razonar y realizar operaciones cognitivas de tipo superior como engañar, manipular, ponerse en el lugar de otra persona… Esto es algo básico en psicología y pedagogía. Se llama Teoría de la Mente. Por lo tanto es imposible que un bebé manipule o pida las cosas por capricho. Son necesidades básicas, conductas preprogramadas e instintivas, destinadas a mantener la cercanía de la figura de apego para sobrevivir. Un bebé no sabe que estamos en el siglo XXI. Él es instinto, lo cual quiere decir que percibe lo mismo que nuestros ancestros: si no demando esa cercanía o que cubran mis necesidades, moriré de hambre, frío o a manos de un depredador. El no atender el llanto o las necesidades del bebé puede traer consecuencias psicológicas graves. Un bebé hasta que tiene 6 meses no percibe que es un ser separado de la madre. Al separarle de manera continuada, como al aplicar el método Estivill, se puede producir una escisión del yo, el bebé no puede soportar la realidad y se forma una realidad paralela que se corresponde con lo psicótico. De hecho el yo se forma en base a la progresiva separación del cuerpo de la madre (porque es el cuerpo donde han estado 9 meses durante el embarazo) en lo que se conocen como las relaciones objetales, desde que nace hasta los 3 años de edad. Si esto no se produce, no hay formación del yo. Referencias: Winnicot, Malher, Spitz.

5) Que somos una especie altricial, lo cual significa que nacemos inmaduros y dependientes de nuestra madre. De hecho, somos la especie más inmadura de todas. La gestación del ser humano no finaliza con el parto (se puede consultar a Ashley Montagu, por ejemplo). Otros mamíferos nacen y ya andan, incluso los simios antropoides son capaces de aferrarse al pelo de su madre. Nosotros ni eso. Que seamos una especie tan dependiente viene propiciado por la evolución durante la prehistoria, debido a la bipedestación del ser humano, que trae como consecuencia el estrechamiento del canal del parto y, por tanto, para poder nacer, necesariamente se reduce el volumen craneal y cerebral del feto. Por eso nacemos tan inmaduros. Y por eso, más que ninguna otra especie, necesitamos el cuidado y la cercanía de la madre, de día y de noche. La dependencia en los primeros años es natural y sana. De hecho el vivir esta dependencia sobre todo los 3 primeros años, es lo que propicia que luego haya una independencia gradual y real, que de otro modo no existe. No somos más que una manchita en la evolución del ser humano, nuestra especie ha dormido siempre acompañada.

6) Que el contacto físico y emocional es una necesidad básica. De hecho en los experimentos de Spitz con niños institucionalizados quedó patente este hecho: los niños que, pese a tener el resto de necesidades básicas cubiertas (comida, abrigo, etc), no recibían contacto, enfermaban gravemente, desarrollaban patologías y en un altísimo porcentaje incluso llegaban a morir. Los experimentos de Harlow con monos Rhesus demostraron que los monos preferían permanecer junto a una madre artificial cálida y con pelo a la que poder abrazarse que junto a una madre de alambre que proporcionaba alimento. Ante una amenaza los monos acudían a la madre de pelo para protegerse e incluso amenazar al elemento atacante, mientras que los monos que no habían tenido nunca esa madre de pelo, se limitaban a encogerse en el suelo presa del miedo y la desesperación. El contacto, la presencia, el afecto y la atención de las necesidades básicas de un bebé o niño, siendo la principal el afecto, moldean la formación del yo. En los casos en los que el afecto y la respuesta a la demanda no se dan, el yo no suele formarse, quedando un cascarón vacío. Y si no hay un yo, no hay otros en contraposición, con lo cual no hay empatía ni tolerancia. Todo esto, repito, se acrecienta de noche y cuando no se responde adecuadamente a una conducta de apego como es el llanto. De hecho, un bebé que duerme separado de su madre, no está durmiendo, no llega a completar el ciclo de sueño que necesita para su desarrollo cerebral, permanece en un “sueño” alerta” (esto, por ejemplo, lo ha estudiado el neonatólogo sudafricano Nils Bergman).

7) Que al no responder a la demanda del bebé se produce lo que se conoce como indefensión aprendida, ampliamente contrastado (Seligman, con estudios en animales y también sus réplicas posteriores en humanos). La indefensión aprendida, explicado en llano, consiste en que el niño se resigna, se rinde, deja de demandar porque haga lo que haga no van a atenderle y eso viene de la mano, de nuevo, del cortisol, de la depresión, de la ansiedad, de las pesadillas, de los terrores nocturnos, de los problemas de sueño, etc.

8) Que evidentemente el “método Estivill” facilita que la lactancia materna desaparezca, por mucho que se diga que no. Esto es básico: si un bebé no mama se deja de producir leche. Si no mama en toda la noche, va a ir desapareciendo esa lactancia materna.

9) Que el libro del señor Estivill no tiene ni bibliografía, ni citas, ni da referencias y es un libro divulgativo sin más (en cambio en el libro “Dormir sin lágrimas” de la psicóloga Rosa Jové, encontramos referencias donde poder contrastar científicamente).

Como te comentaba, te recomiendo contactar con Rosa Jové o con Ibone Olza (sobre todo con Ibone Olza, psiquiatra e investigadora), para obtener más respuestas de profesionales serios que trabajen en relación a este tema.

Hay muchas más cosas sobre el sueño infantil, he seleccionado bastante. No me gustaría que esto se enfocase al debate personal, creo que los oyentes merecen conocer diferentes opciones, y tener claro que una cosa son las opciones adultas y otra la opción del bebé y la realidad biológica (ahí no cabe opinión alguna…ojala fuese de otro modo que se adaptase más a nuestra vida de locura, pero esto es así). Me gustaría incidir en estos puntos, más que en si se van de la cama de los padres (que se van, precisamente porque viven esa fase natural y sana de dependencia necesaria en los primeros años, que les proporciona un yo sólido y una seguridad para dar el salto a la independencia real y a lo social) y en lo de la muerte súbita (el colecho la previene, siguiendo algunas recomendaciones de seguridad como no colechar en sofás, o si se está obeso, o si se bebé o se es fumador. El colecho favorece la sincronización con la respiración materna, la regulación térmica, la progresiva adaptación y paso al patrón de sueño adulto…). Pero, de todos modos, os dejo algunos puntos que os pueden ayudar en esos temas, como estos enlaces:

“El colecho favorece la práctica de la lactancia materna y no aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante. Dormir con los padres”
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1139-76322012000100010&script=sci_arttext

http://www.pap.es/FrontOffice/PAP/front/Articulos/Articulo/_IXus5l_LjPqlUW3MgBYqUDq75gx_Xyfp

http://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2012/08/muerte-subita-del-lactante-colecho-y.html

Y fragmentos de la web que os recomendé donde se recopilan estudios de todo tipo, de modo objetivo, sobre sueño infantil (porque como os pongáis a buscar por internet os vais a encontrar de todo y la mitad tergiversado):

Actualización del Capítulo 4:

Un reciente artículo de Blair (Blair et al, 2014) intenta también elucidar el riesgo que puede representar el colecho en ausencia de factores de riesgo conocidos, para lo cual compagina los datos de dos estudios anteriores (Fleming et al, 1996; Blair et al, 2009). Con este trabajo pretende  superar algunas de las limitaciones del de Carpenter controlando mejor ciertas variables. Y sus resultados son claramente diferentes a los de Carpenter: no encuentran un aumento significativo de SIDS asociado al colecho en ausencia de los factores de riesgo estudiados (colechar en un sofá, consumo de alcohol y tabaquismo). Este resultado se mantiene para los menores de tres meses. En los mayores de tres meses llegan a observar incluso un cierto efecto protector del colecho.  Los tres factores de riesgo estudiados aumentaban el riesgo independientemente de la edad. Finalmente, llegan a la conclusión de que lanzar recomendaciones en contra de colecho de manera generalizada no tiene la mínima base científica.

Actualización del Capítulo 6:

Un trabajo reciente realizado con 108000 niños noruegos parece demostrar que, si bien la lactancia aumenta los despertares nocturnos durante los primeros 6 meses de vida, está relacionada con un sueño más consolidado a los 18 meses (Hysing et al, 2014). Una observación interesante, sobretodo teniendo en cuenta la costumbre que hay de recomendar a las madres de bebés mayores de destetar para que “duerman mejor”.

Actualización del Capítulo 6:

Ball y Russell, en un interesante capítulo del libro Evolution, Early Experiences and Human Development (Ball & Russell, 2013) nos explica que, desde el punto de vista de la biología, el bebé humano es bastante peculiar, dado que por su pertenencia al orden de los primates le correspondería ser precocial, esto es, le correspondería nacer bien desarrollado y con la capacidad de seguir a su madre o, al menos, mantenerse agarrado a ella, mamando muy frecuentemente una leche diseñada precisamente para ser consumida con frecuencia durante todo el día, al ser pobre en grasas y rica en calorías en forma de azúcares (lactosa) que proveen energía y son digeridas más rápidamente.  Pero si bien la criatura humana tiene algunas de las características semejantes al resto de los primates, como el tipo de leche que consume y, por lo tanto, la necesidad de mamar muy frecuentemente y estar en contacto continuo con su madre, en realidad es secundariamente altricial, debido a que nace mucho menos desarrollada que las crías de estos últimos, principalmente por su falta casi absoluta de control neuromuscular, lo que no le permite mantenerse cerca de su madre, o agarrada a ella, por sus propios medios. Tampoco son capaces de regular eficazmente su temperatura y respiración. Para el resto de crías mamíferas altriciales la naturaleza ha diseñado una leche rica en grasas, que no requiere ser consumida con frecuencia ya que estas crías pasan largos periodos del día solas, protegidas en nidos, mientras la madre consigue alimentos. Por el contrario, la cría humana, secundariamente altricial, tiene la leche diseñada para una cría mamífera  primate precocial.

Por lo tanto, dado que la leche humana tiene las características necesarias para las crías precociales, pero será consumida por crías secundariamente altriciales, será responsabilidad de la madre el mantener cerca de sí a su bebé, ya que este es incapaz de mantener esta proximidad por sí mismo. Y esto es precisamente lo que observan los etnólogos en sus estudios de las sociedades tradicionales alrededor del mundo: las madres mantienen un contacto continuo con sus bebés (porteándolos durante el día y durmiendo con ellos por la noche), los cuales maman durante las 24 horas del día y al noche frecuentemente y a demanda.

Y ese ha sido el comportamiento del ser humano durante la mayor parte de su historia en la gran mayoría de culturas. Pero a mediados de los años 30 del siglo pasado en las sociedades occidentales aparecieron los defensores del sueño continuo y en solitario, los cuales opinan que estos despertares para comer en el horario nocturno ya no son necesarios (al menos partir de la edad de 3 meses de edad) y que los beneficios del sueño continuo del bebé, tanto en el bienestar de los padres como en el del bebé mismo, compensan cualquier otra consideración,  como el hecho de poner en riesgo el buen funcionamiento y la continuidad de la lactancia materna (Hiscock & Davey, 2012).

Actualización del Capítulo 2:

En una revisión sistemática publicada este mismo año 2013, Douglas y Hill concluyeron que las intervenciones preventivas sobre el sueño infantil realizadas antes de los 6 meses no sólo no tienen ningún efecto beneficioso en el sueño del bebé y el estado psicológico de la madre, sino que, de hecho, podría tener efectos inesperados indeseados como el aumento del llanto, el cese prematuro de la lactancia o el aumento del riesgo de la muerte súbita cuando la intervención conlleva que el bebé duerma en una habitación separada de sus padres (Douglas & Hill, 2013).

Actualización del Capítulo 5:

No podemos negar la naturaleza de nuestros bebes: somos una especie altricial que necesita estar y sentirse en contacto con su cuidador. En un estudio reciente, Esposito ha demostrado el efecto calmante que tiene sobre los bebés el ser sostenidos por su madre, un efecto que es incluso mayor cuando la madre se encuentra en movimiento (Esposito et al, 2013). Considera que este efecto es debido a la necesidad del bebé de estar e contacto continuo con su cuidador y de mantenerse quieto y tranquilo en una situación de peligro en la que la madre porteadora necesite correr para salvar su vida. Sea como sea, es un hecho que nuestros bebés, cuando más tranquilos están, es cuando están en nuestros brazos y en íntimo contacto. En este trabajo los bebés acostados en una cuna mostraban una frecuencia cardíaca, una frecuencia de llanto y una intensidad de movimientos mucho mayor. Trasladando estos resultados al contexto del sueño, podemos conjeturar que estos bebés están mostrando un estado de intranquilidad nada compatible con el sueño. Por lo tanto, parece absolutamente incongruente con la naturaleza de nuestros bebés el hecho de que deban aprender a dormirse lejos de nosotros, en soledad y completa oscuridad, unas condiciones que no favorecen en absoluto el que alcancen un estado fisiológico compatible con dormirse.

Bueno, y muchas cosas más que seguramente os sirvan, las tenéis en la web que os recomendé. Todo con referencias, analizado al detalle, y de manera objetiva.

Un abrazo

Laura”

Como podéis escuchar, en el programa no permitieron hablar de todo esto, sólo algunas cosas, lo que buenamente pude colar, siempre cortándome, atacándome, culpandome y culpando a la gente que colechaba, incluso insinuando que colechar y dar el pecho significa estar en casa ociosa y no trabajar.

Tampoco me permitieron explicar que hay cantidad de factores que intervienen, aunque siempre hablé de posibilidades (respecto a las posibles consecuencias) precisamente por ello, no de certezas. Lo que es innegable es que hay evidencia que señala que las posibilidades están ahí. Igual que no me dejaron hablar de la no-culpa de las madres, colgándome cuando lo hacía.

Aquí os dejo las respuestas a una entrevista posterior que me hicieron, de la que por falta de espacio sólo pudieron coger una parte:

“-¿Qué sensación te ha quedado después de haber sido entrevistada?

La sensación es de haber sido vapuleada, aunque sabía a lo que iba. Tenía claro que me iban a cortar, que iban a tergiversar, que no se trataba de ofrecer información a los oyentes sino de un lavado de cara. Así que iba muy centrada, pensando en los bebés y no en mi persona, para dar el mensaje que pudiese a las familias que escuchaban, aunque sólo fuese una frase. Aun así, antes de decirles que si cuando contactaron conmigo, les dije que sólo participaría si se trataba de un debate serio sin cortes ni manipulación, pero no hicieron gala del respeto que tanto quieren enseñar a los niños.  Me solicitaron un texto con los puntos que quería tratar, que tampoco era para eso, sino para intentar rebatirme sabiendo lo que iba a decir, así que les envié un extenso escrito con evidencia científica y razones por las que el método Estivill podía ser perjudicial y el colecho lo más recomendado. Aun con toda esa evidencia científica en la mano, decidieron centrar el programa en su propia culpa, en evitar que los oyentes tuviesen acceso a la información y en tratarme muy mal. Me parece una irresponsabilidad enorme el tener todos esos datos contrastables delante y decidir seguir recomendando algo que puede hacer tanto daño a los bebés, en un medio de comunicación.

Por otro lado, me supo muy mal que lanzasen el mensaje sobre la culpa de las madres, ya que es un mensaje absolutamente opuesto a lo que digo. Al hablar Isabel sobre ello (en lo que parecía un discurso consigo misma en voz alta por haber estivilizado a sus hijos), yo le contesté, pero me habían colgado. Así tratan a los invitados que se prestan a intervenir en su programa (recordemos que me llamaron ellos).

No se culpa a las madres, ni mucho menos. Las madres vivimos en un sistema profundamente enfermo, y eso es lo que falla, no las madres. La eterna culpa a las madres y a la mujer ha hecho y hace muchísimo daño. Nos vendieron la falsa liberación de la mujer en la cual no podemos elegir, en la que criar a tus hijos era un fracaso, en la que muchas madres han tenido que cargarse con todo. Liberación sería poder elegir, y que hubiese una verdadera conciliación que actualmente no sólo no se facilita sino que se impide. En el mismo programa es donde dan por hecho que es culpa de las madres, cuando nadie se había referido a ello. De hecho yo comienzo mi intervención hablando de “toda la familia”.

Es más, en el programa se centran en la vivencia de Isabel Gemio, faltando el respeto a muchos oyentes, que viven otras realidades: hay madres que desean quedarse en casa (que es un trabajo que debería ser reconocido, siempre recalco que se trabaja dentro y/o fuera de casa), hay madres que quieren estar con sus hijos y sencillamente no pueden hacerlo porque aun con dos sueldos no llegan a fin de mes, hay madres que pudiendo y queriendo estar en casa con sus hijos no lo hacen debido a la información falsa que les bombardea, entre otras cosas por algunos medios de comunicación irresponsables, porque les cuentan que los niños deben ir la guardería para “socializar” (cosa que no ocurre jamás porque el niño no es capaz de entender que el otro es otra persona hasta que llega más o menos hasta los 3 años, por desarrollo cerebral), o que deben aplicar el método Estivill porque es lo mejor para los niños y que si no se lo aplican sufrirán las consecuencias (ya que hablamos de meter miedo a las familias, como comentaban en el programa). Consecuencias sin base científica alguna, sin estudios o bibliografía para poder contrastar. Muchísimas familias aplican el método Estivill (algunas sufriendo mucho mientras lo hacen) pensando que lo hacen por el bien de sus hijos, nadie hace nada para dañarles. Si supiesen lo que puede ocurrir, muchos se lo plantearían. Se lo venden como lo mejor para sus hijos. Además de ser típica la reacción que tuvo Isabel en el programa, hay personas que habiéndolo aplicado se ven inmersos en un proceso psicológico normal, que puede ocurrirnos a todos, llamado disonancia cognitiva. Dos ideas incompatibles que me provocan disonancia (en este caso, aplicar el método a mis hijos y recibir información de que puede ser dañino), que hay que reducir como sea, entre otras cosas, demonizando al contrario. Un monólogo en el que intento justificarme cuando nadie me ha culpado salvo yo misma. Por eso, la información nos da la libertad para poder decidir, con todas las cartas sobre la mesa, haciendo lo que podemos con la situación en la que vivimos, pero informados. Los medios de comunicación deberían ser un lugar desde el que se ofrezca información seria.

-¿Qué preguntas que te hicieron y no pudieron ser contestadas te hubiera gustado poder explicar? Por ejemplo, sobre la lactancia materna después de los 6 meses y su compatibilidad laboral.

Muchísimas. En la entrevista me preguntaron infinidad de cosas que la misma Isabel se contestaba sola, sin darme opción a decir algo. Fue un monólogo en el que yo hablé todo lo que pude pensando en las familias, pero fue complicado.

Por ejemplo la cuestión que señalas sobre la lactancia materna y su compatibilidad laboral. Por supuesto que es compatible, cientos de mujeres lo hacen a diario. Puedes sacarte leche, congelarla y, como bien comentaron en una de las llamadas, al regresar a casa la lactancia favorece el vínculo, la compensación del bebé por esas horas separado.

En la intervención posterior de María Jesús Alava, en la que no tuve derecho a réplica, también hay mucha miga. Ante la falta de argumentos, comienzan a mezclar conceptos, como si fuesen cosas que yo negaba. Efectivamente, los niños necesitan estabilidad y que el mundo sea predecible, pero eso no tiene nada que ver con el tema del que hablábamos. O sí, porque precisamente el colecho les proporciona esa seguridad que necesitan. Por supuesto que tienen derechos, precisamente por eso intervine. Por supuesto que no debemos complicarnos tanto, simplemente observar y atender las necesidades del niño (con lo cual, seguramente colechemos). Así una serie de cosas más que no tenían nada que ver con el tema y que buscaban ganarse el voto del oyente partiendo de la falacia de que ese discurso era contrario al mío.

Pero lo realmente grave es que María Jesús Alava realiza otros comentarios a los que desde luego me hubiese gustado poder responder, que no comparto en absoluto, pero no sólo yo, sino la comunidad científica y la psicología basada en evidencia. Por ejemplo cuando habla de que los niños si pueden manipular (basándose en su percepción personal, ya sea con 5.000 o con 10.000 niños, pero es su opinión nada más), cuando sabemos que el niño no tiene la capacidad para entender lo que piensa otra persona (que ni siquiera entiende que es otro porque aún se halla inmerso en el proceso de formación de su propio yo), y por lo tanto es imposible que manipule o engañe, hasta más o menos los 3-4 años de edad (y cuando lo hacen después, es por el ejemplo que les damos los adultos). Esto es gravísimo que lo ignore una psicóloga que además trabaja en los medios, porque es algo que vemos insistentemente en la carrera de psicología, llamado Teoría de la mente. Además, ha sido confirmado por las investigaciones en neurociencia. Mucho más grave es que además se refiera a las rabietas de los niños como manipulación, cuando sabemos que son una expresión saludable de una emoción tan válida como todas las demás, que el niño se encuentra en pleno apogeo del cerebro emocional, sin la parte cortical que permite razonar modulando, que sus emociones son por ello intensas, que forma parte del proceso de reafirmación y de formación del yo, siendo la represión emocional el motivo principal por el que la gente acaba como paciente de un psicólogo.

Cuando un bebé llora, está llevando a cabo una de las conocidas como “conductas de apego”, destinadas a la supervivencia, instintivas (que no intencionales), para mantener cerca a la figura de apego. Un bebé, incapaz de razonar (de nuevo por desarrollo cerebral, es una realidad tangible), no sabe que estamos en el siglo XXI, que está seguro en una cuna en su casa. Funcionan a un nivel mucho más básico e instintivo, de memoria de la especie, y para él, seguimos en una caverna. Si se queda solo, muere. De hecho aún no percibe que es un cuerpo distinto que el de su madre, en la que ha estado los 9 meses del embarazo. Como intenté decir en el programa, siendo cortada, somos una especie altricial, lo cual significa que somos dependientes del adulto durante los primeros años de vida. Esto viene de mano de la evolución, de la bipedestación del ser humano. Simultáneamente, van cambiando otras cosas fruto de esa bipedestación, como ocurre con el estrechamiento del canal del parto, y por tanto la reducción del tamaño del cráneo del bebé y del volumen de su cerebro. Nacemos inmaduros, con mucho desarrollo por delante, tanto que todos los seres humanos somos prematuros, nuestra gestación finaliza sobre los 9 meses tras el parto, coincidiendo con el desplazamiento motriz.

Los despertares del bebé son de nuevo una conducta de apego destinada a la supervivencia. Esta es la primera falacia: enseñar a los bebés a dormir. El bebé ya sabe dormir, es un proceso evolutivo que va cambiando según crecemos. El sueño del bebé sano es con múltiples despertares para garantizar esa supervivencia y la alimentación, debido también a que su estómago es muy pequeño y a que la leche humana tiene características de especie precocial (pese a ser altriciales), es decir: no es tan nutritiva como en el caso de otras especies en las que la madre se separa de los cachorros para ir a cazar durante un tiempo.

No aplastamos al bebé al dormir con él. El instinto de protección facilita que eso no ocurra. Hay ciertas recomendaciones de seguridad para el colecho, que tampoco nos dejaron mencionar (y ya que les preocupaba tanto el tema quizá hubiese sido más interesante que centrarse en sus propias vivencias), como no colechar en camas de agua, en sofás, si se fuma o se bebe, en casos de obesidad…La vida sexual de la pareja no se ve afectada por el colecho. La vida sexual de la pareja debería estar más allá del dormitorio, y si se ve afectada puede ser por otros factores como la vida de locura que llevamos, el cansancio, el no encontrar el momento. La gente que practica colecho tiene más hijos, y esto es porque hay relaciones sexuales. Por no mencionar que en el programa se dio a entender que la mujer debe “atender” al marido en estos aspectos, para luego hablar de liberación y de culpas.”

También hubo algunas anécdotas del programa: Isabel Gemio diciendo que dormía en una cuna, la psicóloga del programa hablando de que el colecho estaba desaconsejado por la UNESCO (le faltó decir que también por el FBI), un supuesto oyente que trabajaba (no sabemos de que) en un psiquiátrico y que decía que sus hijos “aleccionados” con el método Estivill estaban “psicóticamente muy bien”, la fantástica llamada de Silvia, a la que intentaron ridiculizar y arrinconar sin conseguirlo, la metedura de pata de Isabel Gemio con las recomendaciones de la OMS, la llamada de la señora con 4 hijos de edades seguidas que decía que con el colecho no tenían vida sexual…

Las llamadas fueron filtradas para dar paso sólo a las que les daban la razón. Llamaron psicólogos para defender mi postura, pero no les dieron paso. A Silvia le dieron paso porque les dijo que llamaba porque su marido dormía en el sofá, y quisieron reirse de ella, nada más.

Yo aguanté el chaparrón, centrada, sabiendo lo que me iba a encontrar y que no me lo tenía que tomar como personal. Sin entrar al trapo, aunque fue eso lo que intentaron constantemente. Estaba ahí para hablar con las familias, no con Isabel Gemio. Si lo que decía le servía a una sola familia, me daba por satisfecha.

 

Copio un texto que escribí sobre la culpa tras el programa:

“LA ETERNA CULPA

Típica escena: charla en internet sobre la lactancia materna. Madre que ha dado el biberón y que se siente mal aunque nadie le haya dicho nada, e interviene para decir que ella no es mala madre por haber dado biberón (aunque el resto le dicen que no es eso para nada). Por supuesto que no lo es, nadie se lo ha dicho. La culpa de las madres (y de las mujeres), tan presente que hasta nos la colgamos nosotras solas. Nosotras mismas damos por hecho que es cosa nuestra lo que haya pasado, sin tener en cuenta al resto de personas que tenemos alrededor, al padre, la familia, el entorno machacante, la falta de información…Entonces somos presa, por un lado, de la sociedad que nos ha hecho creer que la mujer y la madre son siempre las culpables, y de la disonancia cognitiva. Pego de uno de mis artículos:

“La teoría de la disonancia cognitiva fue formulada por Festinger a finales de los años 50. Básicamente viene a decir que cuando alguien se expone a dos ideas o conceptos que no son compatibles, se crea un malestar psicológico llamado disonancia cognitiva. Para lograr la coherencia personal interna y para reducir esta disonancia, se tiende a generar ideas, excusas o justificaciones varias, llegando de nuevo al equilibrio y a la coherencia personal. Lo que se viene llamando autojustificarse (inconscientemente casi siempre) de toda la vida.

Por ejemplo: Estoy a dieta, quiero comerme una chocolatina. Las dos ideas son incompatibles, pero dejan de serlo si automática e inconscientemente busco la excusa: pero como mañana voy a ir al gimnasio, si me la como no pasa nada. Así la coherencia interna se mantiene, seguimos a dieta, pero nos podemos comer la chocolatina sin sentirnos mal.

Cada día cualquiera de nosotros sigue este proceso en distintas situaciones, es un proceso psicológico normal para mantener una autoimagen coherente y con la que nos sintamos a gusto.

La disonancia cognitiva puede traer de la mano otras cosas:

-la demonización del “contrario”: se da muchísimo en guerras para así reducir la disonancia que produce cometer crímenes de guerra o directamente matar en combate. Pero también en otras circunstancias se da, no necesariamente en circunstancias extremas como una guerra, en la vida cotidiana se demoniza al que mantiene una postura o defiende unas ideas que no casan con las nuestras. Si es malo, sus ideas no son válidas, las nuestras si.

-La defensa a ultranza de modo agresivo de las ideas que chocan con las de la otra persona pese a que la otra persona sea correcta, educada y aporte argumentos. Es la propia disonancia, el propio malestar, el causante de esa agresividad. Vereis que personas muy comedidas en cualquier otro aspecto pasan a reaccionar así ante la más leve insinuación de algo diferente a lo que ellos hacen. Cuantos más argumentos ofrezcáis, cuanto más razonéis, cuanto más vean que podemos estar en lo cierto, más chocará con sus ideas establecidas, más disonancia les creará y más agresivamente reaccionaran.”

Culpándonos sin que nadie lo haya hecho, y acusando de culpar, estamos entrando en el mismo juego de culpar a las mujeres que sólo nos han dado información o ni siquiera hablaban con nosotras. Señalar que es de día es eso, una realidad. No es culpar a quien piensa que es de noche a las tres de la tarde (porque llegamos a negar hasta la evidencia científica). Es proporcionar información que, precisamente, a lo mejor nos facilita salir del bombardeo social y no acabamos haciendo cosas que no queremos hacer.”

También se habla de miedo. Miedo no es aportar información (con referencias, contrastable, no como el libro del señor Estivill). Miedo es machacarte constantemente con cosas como “no le cojas en brazos, que se acostumbra”, “los niños se te suben a la chepa”, “no se va a ir de tu cama si le metes en ella”, y similares. Me parece que la sociedad en la que vivimos se caracteriza precisamente por estas amenazas constantes. Muchas familias ni siquiera saben que existe la opción de colechar. De hecho, ya que hablamos de miedo y de no asustar a las familias, recordemos que en el libro del señor Estivill, hablan alegremente de fracaso escolar, “dependencia”, posibles problemas de crecimiento, inseguridad, timidez, mal caracter, trastornos del sueño de por vida, etc. Lo más grave, es que esto además nos lo tenemos que creer como dogma de fe, ya que no hay ni una referencia para poder contrastar. Es decir, son opiniones, y son peligrosas. ESTO no es información, es miedo, con intereses comerciales detrás. Miedo también es decirle a una oyente que colecha con su hija de tres años que “ahora tiene 3 años, ya veremos cuando tenga 30”.

La información veraz no se puede comparar con el miedo o con la culpabilización. Cuantas madres, entre las que me incluyo, hemos agradecido que llegase la información. Porque antes de eso, vivíamos en un mundo donde lo normal (por habitual) era dejar llorar a tu hijo en su cuna.

Por último, un mensaje tranquilizador y esperanzador: desde el programa mi trabajo me desborda. Multitud de familias han contactado conmigo. Es uno de los motivos por los que no he podido escribir esto hasta hoy, trabajando de sol a sol, contestando a cientos de personas. Las cosas se mueven. Las críticas no son más que anécdotas, por otro lado normales por la variedad de percepciones del ser humano. La información ha llegado. Un pasito más, en equipo. Seguiremos luchando.

Gracias a todos por leer y escuchar.

Un abrazo

Laura

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