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Críticas a la crianza con apego

Una típica escena que vivimos las madres que seguimos la crianza con apego es la de la crítica social feroz hacia nuestro “estilo” de crianza (entrecomillo porque me resulta cómico llamar “estilo” a criar siguiendo tu instinto y como se ha hecho toda la vida, pero ya sabéis que ahora resulta que esto está de moda, cuando es más viejo que quienes lo tachan de moda o estilo y viene acompañando al ser humano desde sus orígenes). No es raro escuchar frases como:

1) En ese trapo (portabebés) se va a asfixiar/caer/dañar la espalda el niño.

No sólo no es dañino sino que es ergonómico, favorece su desarrollo óseo pélvico previniendo la displasia de cadera, facilita el desarrollo psicológico del bebé al tomar parte en las actividades familiares desde un lugar percibido como seguro para él, facilita una posterior independencia en base a un apego seguro, etc. Y si fueran dañinos la especie humana se habría extinguido hace tiempo.

2) Dormir con los niños es malísimo. Aquí pueden pasar dos cosas, una que les digas que por qué y sólo se escuchen los grillos del campo, la otra que te suelten algo así como la cama es para la vida en pareja/es que así los niños se malacostumbran/ no te lo vas a sacar de tu cama nunca / vas a crearle un trastorno sexual.

Vamos por partes. La vida en pareja se hace en muchos más lugares que en la cama, de noche y en la postura del misionero. Los niños no se malacostumbran, ni quieren engañarnos, porque su cerebro aun no es capaz de hacer eso, tal y como ya hablamos en otro artículo. Cuando tengan 10 años y no quieran ni darnos un beso en el cole por si les ven sus amigos, os recordaremos cuando nos decíais que nunca se irían de nuestra cama. Respecto a la última respuesta del trastorno sexual, lo primero: me repugna que se hagan insinuaciones sobre la elección sexual adulta como si la homosexualidad fuese una enfermedad. Segundo: esto es más falso que un duro de madera. Si fuese así, y también respecto a las otras pegas, la especie humana se habría extinguido hace tiempo.

3) Si le sigues dando el pecho no le alimentas/ le vas a enviciar.

La leche materna está recomendada por la OMS como alimento exclusivo hasta los 6 meses, y recomendado hasta como mínimo (no sólo hasta ahí) los 2 años de edad junto con la AC (alimentación complementaria, sugiero que se busque el significado de complementaria). No sólo le alimenta, sino que es lo mejor para que desarrolle sus defensas de un modo óptimo, y no le damos solo teta a partir de los 6 meses. Come otras cosas. ¿Enviciar? depende de si ves la lactancia como algo sucio y pervertido o cómo lo veo yo: un acto de amor de lo más inocente y tierno.

4) Hay que acostumbrarles a dormir solos y ponerles límites o se te suben a la chepa.

Si sugieres que aplique el método Estivill, como psicóloga ya te digo que no me interesa la posibilidad de dañar el cerebro de mi hijo, crearle angustia, traumas de por vida y un deficiente manejo de las situaciones de ansiedad. Repito: los niños hasta cierta edad son incapaces de engañar, su cerebro no dispone aun de la capacidad para ponerse en el lugar de otra persona, sentir empatía o engañar. En el mismo enlace del punto 1 podéis ver algo sobre límites mal entendidos, límites necesarios, límites innecesarios encaminados sólo a quedar bien socialmente o al bienestar de los padres pasando por encima del desarrollo psicológico de sus hijos, etc.

Pongo las más representativas que suelen surgir en reuniones sociales, aunque hay más.

Por mucho que argumentes, aportes datos contrastados, evidencias científicas…no hay nada que hacer. Topas con un muro. La mayoría de las veces optas por no entrar en debate o directamente contestar con ironía.

Además ves como personas que normalmente son educadas, incluso dulces, pasan a atacar en cuanto se menciona de pasada cualquier tema sobre esto. Y tus argumentos luchan contra la exaltación.

Como psicóloga, queridas compañeras de la crianza con apego, tengo algo que aportaros sobre estas reacciones: tiene nombre, y este es disonancia cognitiva.

La teoría de la disonancia cognitiva fue formulada por Festinger a finales de los años 50. Básicamente viene a decir que cuando alguien se expone a dos ideas o conceptos que no son compatibles, se crea un malestar psicológico llamado disonancia cognitiva. Para lograr la coherencia personal interna y para reducir esta disonancia, se tiende a generar ideas, excusas o justificaciones varias, llegando de nuevo al equilibrio y a la coherencia personal. Lo que se viene llamando autojustificarse (inconscientemente casi siempre) de toda la vida.

Por ejemplo: Estoy a dieta, quiero comerme una chocolatina. Las dos ideas son incompatibles, pero dejan de serlo si automática e inconscientemente busco la excusa: pero como mañana voy a ir al gimnasio, si me la como no pasa nada. Así la coherencia interna se mantiene, seguimos a dieta, pero nos podemos comer la chocolatina sin sentirnos mal.

Cada día cualquiera de nosotros sigue este proceso en distintas situaciones, es un proceso psicológico normal para mantener una autoimagen coherente y con la que nos sintamos a gusto.

La disonancia cognitiva puede traer de la mano otras cosas:

-la demonización del “contrario”: se da muchísimo en guerras para así reducir la disonancia que produce cometer crímenes de guerra o directamente matar en combate. Pero también en otras circunstancias se da, no necesariamente en circunstancias extremas como una guerra, en la vida cotidiana se demoniza al que mantiene una postura o defiende unas ideas que no casan con las nuestras. Si es malo, sus ideas no son válidas, las nuestras si.

-La defensa a ultranza de modo agresivo de las ideas que chocan con las de la otra persona pese a que la otra persona sea correcta, educada y aporte argumentos. Es la propia disonancia, el propio malestar, el causante de esa agresividad. Vereis que personas muy comedidas en cualquier otro aspecto pasan a reaccionar así ante la más leve insinuación de algo diferente a lo que ellos hacen. Cuantos más argumentos ofrezcáis, cuanto más razonéis, cuanto más vean que podemos estar en lo cierto, más chocará con sus ideas establecidas, más disonancia les creará y más agresivamente reaccionaran.

Además en cuanto a la crianza hay otras variables más que recrudecen todo esto:

-El criar de un modo diferente crea la idea inconsciente de que lo contrario está mal, y por ende que llamamos “mala madre” a la otra persona sin insinuarlo siquiera. Disonancia de nuevo. Equilibrar la balanza del autoconcepto reduciendo la disonancia que nos produce el que en el fondo nos parezcan de lo más lógicas las razones que nos dan, y por lo tanto hasta entonces habré errado. Si nuestro instinto es fuerte, podremos empezar a compartir conocimientos. Si no lo es y no queremos cambiar, reaccionaremos a la defensiva como si nos insultasen llamandonos “mala madre”. Todo ello inconscientemente.

-La presión social que machaca continuamente con no dar el pecho, dejar llorar a los niños, castigarles, llevarles a su cuna, etc. Esto entra en conflicto con lo que nos dice nuestro instinto, produce disonancia. Si nuestro instinto es fuerte, criaremos con apego y no nos importará lo que nos dice la vecina o la suegra. Si no lo es y nos importa más el qué dirán, o nos sentimos excesivamente presionados, no lo haremos.

-La comodidad personal. Cuando se es padre se pierde independencia, se pierde sueño, se pierde descanso, ocio…al menos tal y como lo entendíamos hasta entonces. Algunos padres y madres decidimos seguir nuestro instinto y las evidencias científicas. Simplemente nos adaptamos a nuestra nueva vida, compartiendo los momentos de ocio con nuestro hijo, por ejemplo (a mi en concreto además es que no me apetece otra cosa). Otros no, y comienzan a buscar excusas inconsciente o conscientemente para poder dormir como antes, para seguir viviendo como si no tuviesen hijos. Y de aquí sale la variable anterior, la presión social, por desgracia la mayoria somos por naturaleza egoistas y los padres tienden a la comodidad personal. ¿Lo adivináis? si, aquí llega de nuevo nuestra amiga la disonancia cognitiva, en padres y madres que han logrado el equilibrio del autoconcepto relegando su instinto y el ansia de información a un segundo plano para seguir su vida como antes. Si aparece una de nosotras en escena, les produce disonancia, y se pasa al ataque.


Claros ejemplos de estas variables son el método Estivill y los límites mal entendidos.

En el caso del método Estivill, tengo que decir que este señor no es nada tonto. ¿Qué es lo que cambia más en la vida de los padres primerizos? el sueño. Los bebés no pueden aprender a dormir como los adultos, sencillamente porque el sueño del bebé es diferente al del adulto por naturaleza, es un proceso evolutivo, el bebé que no se despertaba cada poco tiempo a mamar o a llamar la atención de su madre con el llanto no sobrevivía en tiempos de nuestros ancestros. No podemos pretender que la evolución se rinda ante los “progresos” como las cunas e interfonos. No podemos pretender que un bebé duerma como un adulto. No son capaces de manipular, como ya dijimos más arriba. Pero esto si no se tiene cierta inquietud, no se sabe (por desgracia, la mayoría de las veces se aplica este método pensando verdaderamente que es lo mejor para nuestros hijos). Si no se quiere tener cierta inquietud, tampoco se sabe, porque es mejor para muchos padres seguir sin saber esto y dormir del tirón. ¿Y que necesitan esos padres que en el fondo quieren dormir para hacer callar a su instinto cuando escuchan llorar a su hijo solo en la cuna? la opinión de un “experto” (entrecomillo porque no lo es y no me cansaré de decir que un supuesto método sin estudios que lo avalen y bibliografía es papel mojado). Esto les sirve para reducir su disonancia. No habría madre que fuese capaz de hacer lo que dicen en ese libro sin esa excusa. Si lo dice el doctor debo hacerlo por el bien de mi hijo, traducido del inconsciente quiero dormir y necesito algo que me de la autojustificación para dejar llorar a mi hijo/dejarle solo. Estivill ha descubierto la gallina de los huevos de oro a costa de la salud psicológica de miles de bebés y niños (si está demostrado que el método es dañino). Dales esa excusa inconsciente (opinión de experto) a esos padres que quieren dormir y pensando que hacen lo mejor aplicaran el método a sus hijos pintandolo de “es lo mejor para ellos” y que les enseñan a dormir (verdaderamente lo creen), cuando esto es imposible como ya hemos dicho y lo único que enseñas al niño es a que haga lo que haga, llore o no llore, va a estar solo y a sentir un miedo atroz a morir. Indefensión aprendida que causa daños psicológicos graves. Esos padres aplicarán el método y compraran el libro. Hagamos caja.

En cuanto a los límites, es más de lo mismo: hay límites necesarios que conciernen a la salud o seguridad de nuestros hijos (no pueden ir solos a cruzar la calle, no pueden tirarse por la ventana, no pueden ir desatados en la silla del coche, etc), no para la imposición de voluntades. Por desgracia la mayoría de los límites que se ponen son límites de lucha de poder o destinados a la comodidad paterna, como por ejemplo decirles que se queden quietos y callados porque los papás están con visitas. Los niños son niños, no van a comprender eso (es decir, objetivo educativo cero). ¿Y qué objetivo se busca con ese límite? simplemente que no molesten en una vida donde los niños no tienen un papel. En nuestra casa cuando vienen visitas el niño es uno más, y sus necesidades son atendidas (juego, alimento, sueño, cariño…), los adultos somos nosotros, y somos los que nos adaptamos a él. Por otro lado, encontrar alternativas al “esto se hace así porque lo digo yo” requiere implicación, documentación y estudio por parte de los padres, y es mucho más fácil y cómodo tirar del porque lo digo yo. ¿Qué ocurre si aparecemos intentando que nuestros hijos generen por si mismos soluciones, valorandoles como personas, no ridiculizándoles o no ignorándoles, etc? de nuevo aparece la disonancia, y el ataque.

Así que ya sabeis, si os sirve de consuelo, esto es un proceso normal. Cuando aparecen los ataques realmente no os atacan a vosotras. Hablan consigo mismos aunque no se den cuenta. Intentan reducir la disonancia. Con suerte alguno seguirá pensando en ello y sus hijos crecerán en un clima de respeto y con apego seguro.

Somos la voz de su instinto dormido, sintámonos orgullosas de ello. Y cuanto más nos ataquen, más representaremos su instinto.

Laura Perales Bermejo
Mamá y Psicóloga infantil. Orientación reichiana, humanista, teoría del apego.
Colegiada M-26747

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